Categoría: Cultura

  • La puchka, el arte ancestral de hilado que ancianos buscan rescatar: “No hay interés de los jóvenes en aprender”

    El hilado en puchka, un actividad que era rentable hace algunas décadas y que ahora solo lo practican en su mayoría personas de la tercera edad, se pudo apreciar en un singular concurso que se organizó con los beneficiarios de los comedores peregrinos que tienen la Sociedad de Beneficencia de Huancayo (SBH).

    Se realizó en los exteriores del comedor peregrino Mamacha Cocharcas, ubicado dentro del estadio Luis Abad de Sapallanga. Una docena de adultos mayores, mostraron su destreza con esta actividad que transforma la lana de oveja, vicuña, alpaca y otros, en finas prendas artesanales.

    “Mi abuelita me enseñó a puchkar. Yo compro lana en ferias o me voy a la zona alta para comparar, luego de varios procesos saco mantas o ropa que puedo vender hasta en 200 soles”, refirió, Máximo Pardo.

    Sin embargo, advirtió que esta ancestral técnica de hilado podría desaparecer en los siguientes años. “Ya no hay interés de los jóvenes en aprender”, indicó.

    ¿Qué es la puchka?
    La puchka es la técnica que se usa en los pueblos andinos para hilar la lana de oveja o camélido. Es necesario tensar esta con los dedos y luego enrollarla en el huso, a la vez ir quitando elementos externos.

    Esta actividad que es parte del legado de la cultura andina, requiere de mucha destreza y aunque en su mayoría lo practican las mujeres, a los varones no les falta habilidad para practicarla.

    Fuente: Diario Correo.

  • La increíble historia de la artista Sara Flores

    En el MALI, se puede apreciar una histórica muestra individual: “Sara Flores. Non Nete”. Para tener más luces, La República conversa con el curador Matteo Norzi sobre el extraordinario momento de la artista Sara Flores, cuyas obras están en los espacios más prestigiosos del circuito artístico internacional, incluso Dior la invitó a colaborar en uno de sus proyectos. Sara Flores aprovecha este reconocimiento para llevar el mensaje de su pueblo shipibo-konibo.

    El Museo de Arte de Lima, el MALI, en los hechos es el espacio del arte oficial del país. Si en caso no lo es, pues lo parece gracias a su historia. En el MALI, precisamente, se viene exhibiendo, hasta el 17 de agosto, Sara Flores. Non Nete.

    Se trata de una muestra histórica y, sin exagerar, emblemática. Es la primera vez que una artista indígena tiene una individual en el MALI. Lo dicho hasta aquí, podría generar más de una lectura. Una de ellas, así suene duro: se está reconociendo que los indígenas también hacen arte. Basta revisar nuestra historia para constatar que desde la fundación de la república los indígenas fueron sometidos y su arte era expuesto solo en colecciones etnográficas. Otra lectura: tras ver con calma las obras de alto valor estético, uno queda también con la sensación de que es una exposición política, como si en este espacio del MALI estuvieran en diálogo la problemática y las posibilidades del país y no en donde se supone tendrían que ser discutidas. En el Congreso, por ejemplo. Esa bandera en medio de la exposición, tiene un profundo significado. Non Nete, en shipibo-konivo, significa nuestro mundo/nuestro día.

    “Desde Estados Unidos y Europa nace el interés por el arte indígena en general. Ahora está en el centro de todos los lugares del arte contemporáneo. Lo que pasó en Perú es que Sara Flores buscó esa oportunidad. Ella, en un momento, me dice mira Matteo, está bien con el reconocimiento en Nueva York, en Londres, en Francia, pero a mí lo que me interesa es el reconocimiento en mi país. Y empezamos a buscar la oportunidad de exponer en el MALI. Fue la apertura de la directora Sharon Lerner lo que permitió que se haga esta exposición, porque sabía que la misma generaría un debate y fue una decisión muy valiente. Sara Flores nació en Tambo Mayo, en Ucalayi, tiene 75 años y toda su vida ha sido testigo del conflicto que hay entre el Estado y la realidad de las comunidades nativas. Lo que ha hecho Sara Flores toda su vida es pintar y en esa práctica ha conseguido un nivel artístico que ha hecho que sus obras estén en las mejores galerías y colecciones, y que haya llamado la atención de Christian Dior”, declara para La República Matteo Norzi, curador de Non Nete.

    La exposición coincide con hechos sociales y políticos que han remecido al Perú en los últimos años. La pandemia fue una tragedia para todos y las comunidades indígenas fueron testigos, en primera línea, del desinterés total del Estado. Sara Flores nunca fue ajena a esta inquietud y aprovechó su posicionamiento internacional como artista para visibilizar estos temas de las comunidades indígenas que no están siendo atendidos. “La experiencia indígena en Perú es difícil. Sara Flores está cumpliendo su destino, una misión, que es llevar el mensaje de su pueblo. Cuando está en Nueva York, no solo va a las galerías, se dirige a las Naciones Unidas. Esta exposición está creando un impacto. La plataforma que ella se creó con la colaboración de Dior, le da la oportunidad única de utilizar el espacio del arte para llevar adelante un discurso que en otros contextos en el Perú de hoy son difíciles de llevar adelante. Por eso, agradezco a Sharon Lerner. Ella entendió que no hay lugar más seguro para hablar de estos temas que en el museo más importante del Perú. Sara Flores es una sabia, tiene una historia con la que el pueblo peruano se puede identificar. Su historia es una historia de talento y de lotería. Después de una vida de pobreza absoluta, llega a través de su arte y de su identidad cultural a una posición social inesperada y decide abrirse a un despertamiento político para el bien de los demás”.

    Pero ¿cuál es el mensaje de Sara Flores? ¿A qué apunta su pueblo? A esta altura del relato, queda claro que en Sara Flores han confluido la calidad artística y el reconocimiento. No hay, como inevitablemente puede especularse, un asistencialismo detrás. Hay una resonancia artística que se defiende sola. “Todo asistencialismo es malo. Lo que quieren los shipibo-konibo es tener una vida de acuerdo a su cultura. En la selva confluyen los seres mágicos, los ríos, la vegetación y una vida en comunidad y sostenible. El problema con el Estado es que quiere solucionar los problemas desde arriba hacia abajo, sin entender la cosmovisión indígena. Hay que seguir interrogándonos sobre cómo se puede mejorar la experiencia indígena en general y parar la injusticia social que es tan evidente en el país”.

    Pandemia. Clasismo. Racismo. Injusticia social. Redes sociales. Obsesión por el dinero. Este puñado de taras, que podría dejar de ser puñado para convertirse en una cosa mucho peor, ha hecho que se viva en un mundo desconectado, desinteresado en la vida del prójimo. Un mundo egoísta, por decirlo de algún modo.

    “Cuando un shipibo come, todos comen. Cuando un shibipo se enferma, todos ayudan en el tratamiento. La salud del individuo es parte de la salud de la tribu. En un mundo en donde los estados naciones no se ponen de acuerdo, donde la salud tiene que ser un privilegio de los poderosos, los shipibos proponen algo que es mucho más poderoso: solucionar los problemas de manera conjunta. Entonces, estos valores que son antiguos, de repente se convierten en contemporáneos. En la cultura de los shipibos están las claves para parar la crisis climática, ellos están viviendo la crisis de la Amazonía también. El mundo está demostrando una crisis de empatía y los shipibos nos están dando una lección. Ese es el mensaje que está llevando Sara Flores”.

    Parte de las obras de Sara Flores acaban de ser adquiridas por el Guggenheim y el Metropolitan Museum está por adquirir otras. Ergo: es un momento único. “Pero Sara Flores no se olvida de lo otro. Sara Flores ha hecho un pacto de reciprocidad a través del cual una parte de lo que gana, obviamente, queda con ella. Otra parte es para una escuela donde sus hijas enseñan arte a los jóvenes. Otra parte financia las organizaciones indígenas, por ejemplo, un programa legal donde los abogados dan defensa legal gratuita a comunidades indígenas víctimas de crímenes ambientales. Otra parte va para el Consejo Shipibo-Conibo, organismo que propone la idea para un gobierno territorial. Esto no quiere ser una idea de autonomía que divida a Perú. Ellos se sienten parte del país. Ahí está la bandera en medio de la sala que evoca un poco a la bandera peruana. Lo que ellos quieren es un un nivel de autonomía similar a lo que puede ser un gobierno regional o municipal para poder tomar la responsabilidad de manejar sus propios recursos, su propio territorio, su propia educación, su propia gente”.

    Fuente: DIario La República.

  • «No es un tema de capricho, sino de reglas»: Jessica Newton descarta participación de Luciana Fuster en Miss Universo

    Al tener el título de Miss Grand International, Jessica Newton explicó por qué Luciana Fuster no puede participar en otros certámenes de belleza.

    Pese al reciente acercamiento de Luciana Fuster a la organización del Miss Universo en El Salvador, se especuló que la modelo peruana podría formar parte de este certamen internacional; sin embargo, Jessica Newton, directora del Miss Perú, descartó que pueda competir por la corona.

    ¿La razón? Actualmente, tiene el título de Miss Grand International y para que pueda participar en el concurso de belleza más importante, tendrá que terminar su mandato.

    Newton fue clara al respecto, ya que Luciana Fuster mostró su intención de participar en el Miss Universo, por ello, mencionó que si bien tiene las características y el perfil para representar a Perú, no puede hacerlo como participante.

    Luciana Fuster en las previas del Miss Universo
    Hace unos días, Fuster fue invitada en las actividades previas al Miss Universo, donde compartió momentos con las candidatas a la corona. Si bien su presencia fue motivo de especulaciones sobre una posible participación en el certamen, esto no se dará, al menos por ahora.

    La modelo se tomó fotos con los organizadores y todo el equipo, por lo que muchos interpretaron que tenía asegurada su candidatura. No obstante, solo se trató de un acompañamiento.

    Jessica Newton asegura que Luciana Fuster no puede participar en Miss Universo
    «No es un tema de capricho, sino de reglas claras entre organizaciones», dijo Jessica Newton a las cámaras de América Hoy descartando la presencia de Luciana Fuster en el Miss Universo. En su descargo, explicó que cada franquicia es diferente, por eso se tienen que respetar los compromisos con el título que actualmente Fuster ostenta.

    Además, una reina no puede representar a más de una organización de manera paralela; es decir, ahora que es Miss Grand International, no puede intentar concursar para el Miss Universo. Recién cuando termine su ciclo como Grand, podría postular en un futuro al otro certamen.

    «Todo dependerá de su decisión y del cumplimiento del reglamento vigente», señaló Newton dejando abierta la posibilidad de que Luciana Fuster esté en el Miss Universo.

    Fuente: Diario RPP.

  • Miss Mundo 2025: ¿quién es Staisy Huamansisa, la representante de Perú en el certamen internacional?

    La modelo peruana está en la India para el Miss Mundo 2025 y destacó en los eventos previos con un traje típico inspirado en la cultura Moche, que rinde homenaje al legado ancestral del Perú.

    Staisy Huamansisa, representante de Perú en el certamen de Miss Mundo 2025, ha causado gran impacto en el concurso internacional celebrado en India, donde ha destacado por su presencia, carisma y fuerte conexión con sus raíces culturales.

    Durante el desfile de trajes típicos, Huamansisa deslumbró con un imponente atuendo inspirado en la antigua cultura Moche, diseñado por el reconocido artista Jaguar Cotrina. El traje, que evocaba la imagen de una sacerdotisa mochica, fue una poderosa representación del legado ancestral peruano y posicionó a la candidata entre las más admiradas de la velada, celebrada el pasado 10 de mayo.

    “Hoy, en el escenario internacional, no solo estoy mostrando la majestuosidad de mi tierra natal, sino también la fuerza, la resiliencia y la belleza de cada mujer peruana”, compartió emocionada a través de su cuenta de Instagram.

    ¿Quién es Staisy Huamansisa?
    Staisy Huamansisa se ha convertido en una de las grandes promesas del certamen. Nacida en Lima, se coronó como Miss Mundo Perú 2024 el pasado 20 de septiembre, durante el 71° Festival Miss Mundo, sucediendo a Lucía Arellano. Su camino hacia la corona comenzó al ser elegida Miss Mundo Lima Centro, gracias a su dedicación, carisma y liderazgo.

    Más allá del modelaje, Staisy es una joven comprometida con el cambio social y la educación. Es ingeniera en Logística y Transporte por la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL), y ha cursado una maestría en España, lo que ha reforzado su perfil académico y profesional. Además, domina el inglés y francés, y ha estudiado en Colombia.

    Una embajadora cultural del Perú
    Además de su participación en el escenario, Staisy y las demás candidatas del Miss Mundo 2025 realizaron visitas culturales, como al Templo de Narasimha Swami, donde lucieron saris tradicionales y compartieron momentos de reflexión espiritual. Su presencia en la India ha sido aplaudida por medios locales e internacionales, que han elogiado su elegancia, seguridad y representación del Perú.

    Staisy Huamansisa busca seguir los pasos de Maju Mantilla, la última peruana en ganar el título de Miss Mundo en 2004.

    Fuente: Diario RPP.

  • Tony Vázquez-Figueroa y el espejo negro de nuestra era

    En una Lima marcada por la migración venezolana y los debates sobre pertenencia, el artista Tony Vázquez-Figueroa llegó con una maleta cargada de petróleo —literal y simbólicamente. Su obra, que utiliza bitumen como materia escultórica, reflexiona sobre el colapso de la modernidad petrolera, el exilio y la memoria. Invitado por la Residencia de Al Lado, su breve paso por la ciudad dejó una impresión profunda: sobre el paisaje, la historia compartida y las tensiones que cruzan América Latina. En tiempos de crisis ambiental y discursos de odio, su mirada crítica y poética resulta tan necesaria como incómoda.

    Escribe: Leyla Aboudayeh*

    Durante su estancia en la Residencia de Al Lado, en el marco de la feria Pinta Lima 2025, Vázquez-Figueroa no solo presentó obra: absorbió estímulos, tensiones y gestos. “Como suele pasar, hay experiencias cuyo impacto solo se comprenden en retrospectiva”, dice. Y aunque su producción local fue limitada, su visita a museos como el Larco o el MALI y su encuentro con la historia textil peruana sembraron una semilla. “Siento que algo de esa geometría y paleta empezó a filtrarse en mi trabajo”.

    No todo fue inspiración. Apenas llegado, un taxista despotricó contra los venezolanos sin saber que lo era. Días después, un locutor de radio comparó migraciones “buenas” —como la italiana de Donofrio— con la “lacra” actual. “Eso nos duele profundamente”, afirma el artista. “Durante años, Venezuela recibió miles de peruanos con generosidad. Hoy se nos olvida que nadie está exento de migrar”.

    Pero Vázquez-Figueroa no se queda en la queja. Cree que el arte puede ayudar a cambiar imaginarios. “Una metáfora poderosa puede sacudir emociones y abrir una puerta a la reflexión. No todo se cambia con datos. A veces el arte enseña como un susto, como un chiste que te deja pensando”.

    Esa convicción atraviesa toda su obra. Vázquez-Figueroa trabaja con bitumen —petróleo sólido— para esculpir piezas que lentamente se derriten, como su propio país. “Lo que me interesa es que la materia encarna el proceso de descomposición. No representa la crisis: la performa”. En una de sus obras más emblemáticas, Amor Fati / Eternal Recurrence, una cabeza del artista hecha en bitumen se vacía lentamente hacia su negativo, en un ciclo que podría tardar siglos. “Es mi forma de aceptar el tiempo, el absurdo, el destino”.

    El exilio, reconoce, ha agudizado su mirada.

    “Hay cosas de Venezuela que solo puedo empezar a entender desde mi vacío. El agujero no es lo que falta: es lo que organiza la obra desde dentro”. Sus piezas no buscan cerrar sentido, sino abrirlo. Y en ese gesto, hay una ética: “No se puede criticar desde un lugar puro. Todos habitamos el mismo sistema que queremos cuestionar. Pero desde dentro, podemos mostrar sus grietas”.

    Su paso por ciudades como Caracas, Miami, Ciudad de México y Lima ha reforzado esa capacidad de leer los paisajes como archivos políticos. “Caracas es la ruina del progreso petrolero. Miami es el paisaje del exilio. Lima y Ciudad de México son capas superpuestas de historia. Nada es neutro. Todo cuenta algo”.

    Frente a los discursos nostálgicos sobre el progreso y la modernización, el artista se mantiene alerta. “Ese modelo ya fracasó. América Latina no necesita parecerse a nadie. Su fuerza está en la diversidad, en la mezcla de saberes ancestrales y urbanos. Tal vez necesitamos menos: menos consumo, menos imitación. Más atención. Más respeto por lo que aún tenemos”.

    Aunque su trabajo sigue siendo profundamente filosófico, Vázquez-Figueroa reconoce que es también personal. “Lo que leo, lo que me transforma, termina filtrándose. No es confesional, pero sí íntimo en otro nivel”.

    Sus espejos negros, sus esculturas que se derriten, sus imágenes perforadas por agujeros, no buscan respuestas. Buscan incomodidad. “Cuando te ves en el espejo negro, te reconoces. Y también ves la distorsión. Esa paradoja —saber lo que hacemos y no poder dejar de hacerlo— es lo que más me interesa”.

    En un momento donde el futuro parece cada vez más incierto, Vázquez-Figueroa no ofrece consuelo fácil. Pero sí una forma de mirar. Y quizás eso sea suficiente. Porque como él mismo dice: “Contemplar el daño, asumir la paradoja… puede ser el comienzo de algo”.

    *Directora de Casa Fugaz y fundadora de Vocablo del Arte (vocablodelarte.com).

    Fuente: Diario La República.

  • Luis Felipe Angell de Lama, Sofocleto: “Vamos a recuperar el Huáscar”

    Un homenaje a casa llena con Rafo León, Hernando Torres-Fernández y Allan Angell, en el Centro Cultural Inca Garcilaso, a un escritor que supo interpretar al Perú con oceánica cultura, ironía, irreverencia y con una infatigable capacidad para escribir. Sofocleto es un autor imprescindible de la cultura peruana. En 1981, Mario Vargas Llosa entrevistó en su programa “La Torre de Babel” a Sofocleto y se pasó un extracto de ese diálogo de gigantes. Todo un rescate literario. Jaime Bayly también lo entrevistó en 1993/1994. Esto y mucho más, en la siguiente crónica.

    ¿Por qué es importante leer a Sofocleto hoy? Esta fue una de las preguntas que me hacía cuando me dirigía al Centro Cultural Inca Garcilaso (CCIG) del Ministerio de Relaciones Exteriores, mientras atravesaba el tráfico y las manifestaciones habituales del centro histórico de Lima. En esta institución cultural, se llevó a cabo, ayer jueves 15, un homenaje a Luis Felipe Angell de Lama, Sofocleto (1926 – 2004). Sala llena conformada por miradas intergeneracionales. Entre los ponentes, Hernando Torres-Fernández, director del CCIG; Rafo León, destacado escritor y periodista experimentado; Allan Angell, hijo de Sofocleto; y quien escribe estas líneas, editor de los siguientes libros de nuestro escritor con Planeta: Los cojudos, Los conchudos y El virus matrimonial.

    Del CCIG señalan que próximamente van a poner en YouTube el extracto de una entrevista que Mario Vargas Llosa, en 1981, le hizo a Sofocleto para su programa La torre de Babel de Panamericana Televisión, el cual se emitió al inicio del homenaje.

    “No soy un escritor gracioso”, le responde Sofocleto a Vargas Llosa en un tramo. En todo momento, Vargas Llosa se muestra conocedor de la obra de Sofocleto y cada respuesta de Sofocleto revelaba no solo una profundidad analítica, sino del mismo modo una oceánica cultura.

    El “no soy un escritor gracioso” sintonizó con las palabras de Rafo León, que puso a Sofocleto al nivel de lo que es ser un escritor en todo el sentido de la palabra. Además, indicó que su obra, enfocándonos en Los cojudos, era una crítica al hombre/el varón de la clase media peruana. Y contextualizó la época en que su generación empezó a leer a Sofocleto y no dejó de subrayar precisamente su carácter de escritor (pensemos en La tierra prometida de 1958 (Premio de Novela de dicho año, concedido por la Librería-Editorial Juan Mejía Baca) y San Camilo de 1976, grandes novelas en donde no hizo uso del humor). Sofocleto cultivó muchos géneros literarios. Pensemos en sus sofonetos, que eran devorados por miles, los cuales eran una firma de su calidad literaria.

    Sofocleto, durante un periodo de su vida, se desempeñó como diplomático. Hernando Torres-Fernández dio algunos alcances de esta etapa de Sofocleto. Era un hombre serio y por su labor fue varias veces felicitado –Torres-Fernández mostró documentos que sustentan esta aseveración- e incluso puso de manifiesto una ética de vida cuando nuestro autor no aceptó recibir su sueldo por el mismo hecho de no estar trabajando pese a pertenecer al cuerpo diplomático.

    “Durante un tiempo, a mi casa venían militares. No sé si eran del Ejército, la Marina o la Fuerza Aérea, pero traían mapas. Se reunían con mi padre durante horas. Un día le pregunté por esos señores uniformados que venían a casa. Mi padre me dijo: Cierra la puerta. Te voy a contar algo que nadie más debe saber. Vamos a recuperar el Huáscar”, relató Allan Angell, quien pasó a detallar cómo trabajaba su padre, destacando su disciplina para escribir. Allan mostró igualmente el primer número del diario Don Sofo, del 22 de octubre de 1979. “Mi padre escribía todos los días Don Sofo, lo hacía él solo y en dos horas”.

    Quien escribe empezó a leer a Sofocleto en el último año de colegio. La entrevista de Vargas Llosa a Sofocleto es histórica. Dos gigantes conversando. Pero ver esa entrevista, me llevó a 1993/1994. Aquel año, vi por primera vez a Sofocleto en televisión. Jaime Bayly conducía un programa en Panamericana Televisión y entrevistó a Sofocleto. La imagen de ese hombre gigante (medía casi dos metros) se me quedó impregnada. Captó mi atención y me puse a leer a Sofocleto y a buscar sus libros por las librerías de viejo del centro.

    Cuando la gerente editorial de Planeta, María Fernanda Castillo, me dijo, a finales de 2018, que estaban interesados en Los cojudos y que lo editara yo, comenzó la búsqueda de los herederos de Sofocleto.

    Sofocleto falleció en 2004 y tuvieron que pasar 14 años para que un libro suyo sea reeditado. Hablamos de un autor tremendamente popular. La gente no se había olvidado de un autor que se posicionó en el imaginario público desde la escritura. Nunca dejó de hablarse de Sofocleto. De 30 peruanos, 15 sabrán de Sofocleto, ya sea porque lo hayan leído o porque hayan escuchado de él mediante un familiar o variante parecida. Y el resto que no sabe de él, mucho K-Pop.

    Quienes se olvidaron de Sofocleto fueron los editores que aparecieron después del 2000, porque no leen o han empezado a leer tarde y los hechos demuestran que exhiben una mirada torcida del verdadero interés editorial. Sofocleto es una joya literaria que no solo trae prestigio literario, sino también ganancia monetaria. La edición del 2019 de Los cojudos, ya tiene varias reimpresiones, se ha movida sola, por recomendación. Pero esa edición ha propiciado, y aquí el dato, la aparición de reimpresiones piratas de las primeras ediciones de los libros de Sofocleto. Ese papel no tiene más de 10 años, esas carátulas no muestran las arrugas del tiempo, no tienen la dignidad de su época. Eso no sucede si no existe un lector que pregunte, que pregunte por Sofocleto. Hasta el 2018, para conseguir las primeras ediciones de Los cojudos y Los conchudos, dos títulos inubicables, había que sudarla. Ahora no.

    No fue fácil encontrar a los herederos de Sofocleto, y tras algunas gestiones, di con el contacto de Allan Angell. Cuando nos reunimos, el trato se cerró en cinco minutos. Los caballeros honramos nuestras palabras. No había mucho que pensar. Sofocleto es nuestro Lope de Vega y un autor necesario. Su pluma, hay que decirlo, es parte de la historia de La República. Los clásicos se leen en toda época y Sofocleto tiene mucho que decirnos en las circunstancias actuales.

    Fuente: Diario La República.

  • Heimtextil 2025: David del Valle, el diseñador colombiano que integra textiles y mobiliario con sello minimalista

    David del Valle presentó Tu Taller y Gud, sus marcas de diseño contemporáneo, en Creative Experience, un espacio dedicado al mobiliario de autor en Heimtextil Colombia. Conversamos con él sobre su arte y la importancia de vestir el hogar.

    David del Valle (Medellín, 1988), diseñador industrial de profesión, explora las culturas ancestrales de su país y el arte pop para crear piezas minimalistas de estilo contemporáneo. Fundador de Tu Taller, Del Valle Studio y Gud, el creativo diseñó un lobby para Creative Experience, espacio que reunió piezas autor en la feria de textiles y mobiliario Heimtextil Colombia, realizada en Plaza Mayor, en Medellín.

    RPP recorrió su stand en la feria y visitó Tu Taller, el espacio creativo del artista, para conocer de primera mano su trabajo y entender cómo las piezas de hogar transforman el espacio. “Las marcas se vuelven la extensión de uno. Gud y Tu Taller tienen un rigor alto en diseño, pero diferentes finalizaciones y acabados”, mencionó el artista a RPP, al hablar de las líneas de diseño que maneja y que le permiten conectar con distintos públicos.

    Según Del Valle, Gud “sigue siendo minimalista en su diseño, pero en sus acabados es mucho más abierta, y eso permite que más personas puedan acceder a ella”. ¿Esta línea de diseño guarda relación con el estilo Memphis? Le consultamos. “No, pero se inspira en las combinaciones de color que hacía Ettore Sottsass en sus proyectos. Gud es una marca muy joven, muy abierta y no tanto de seguir patrones establecidos”, comentó sobre sus piezas multicolor que dan vida a cualquier espacio.

    La línea minimalista de David del Valle
    Hay encanto en el contraste. Las piezas de Tu Taller representan la visión creativa y personal de Del Valle, con un estilo sofisticado, materiales de alta calidad y una paleta de tonos neutros. Su espacio de arte y diseño se ubica en el corazón de la zona industrial de Medellín. Al ingresar, el bullicio de la calle y el sonido de las maquinarias se desvanecen. En su lugar, el visitante recorre un ambiente silencioso, poblado de piezas de diseño singular. Allí salta a la vista el ‘Metate’, una silla de acero inoxidable de diversas tonalidades que podría interpretarse de muchas formas: como la parte baja de un Botero o las piernas de Homero Simpson, por ser de color azul como el pantalón del personaje ficticio.

    “[La pieza] forma parte de la colección Post Colombian, como una visión inspirada de lo pre, pero con una visión global que se salta la colonia”, explicó el creativo sobre la pieza que fusiona función y contexto social.

    Además, agregó: “No soy una persona rígida con las interpretaciones que puedan darse de mi trabajo, porque creo que todo lo que nos permea forma parte del resultado final del diseño que uno hace”.

    Colaboraciones que mezclan arte, diseño y textiles
    David del Valle es abierto a las colaboraciones y más aún si estas lo retan a seguir explorando el diseño industrial. Prueba de ello es la silla que creó en colaboración con la empresa de telas Lafayette, quien le brindó los textiles con nuevas tecnologías que le permitieron fusionar arte y moda para vestir el hogar. “Vestir nuestros diseños no es algo sencillo y necesitas que las telas y las empresas cuenten con las tecnologías para poder lograr esas morfologías tan complejas”, sostuvo Del Valle.

    La colaboración con Lafayette llegó luego de que el creativo haya colaborado anteriormente con la diseñadora de modas colombiana Johanna Ortiz, quien realizó la sesión de fotos de su colección Resort 2024 con una silla de Tu Taller. En las imágenes se ve a las modelos luciendo las prendas de la modista junto a la silla ‘nn’ de Del Valle, cuya forma adopta la actitud de un cacique. Su particularidad radica em el tapizado de tela verde, en correcta armonía con los tonos de la ropa.

    Fuente: Diario RPP.

  • Alejandro Castellote: «Martín Chambi ha influido en generaciones de fotógrafos peruanos»

    “Estratos de un paisaje / Colección Jan Mulder” es una de las mejores exposiciones en lo que va del año. En el Centro Cultural Inca Garcilaso hasta el 19 de junio. La República conversa con el curador de la muestra, Alejandro Castellote.

    “Frente a otros países, yo creo que la tradición, la marca como el propio nombre indica, con todo lo que ha ocurrido en el pasado y en el pasado de la fotografía peruana en ese primer tercio del siglo, donde, por supuesto, descuella la figura de Martín Chambi, pero también todos los contemporáneos que estuvieron trabajando en toda la zona surandina, incluso con quienes se formó Martín Chambi, con los hermanos Vargas, han sido fundamentales. Hay pocos referentes en el resto de Latinoamérica con tanta potencia en el marco colectivo como la que ha tenido Perú. Lo cierto es que, efectivamente, a partir del ocaso de esa generación que algunos han llamado la Escuela de Fotografía del Cusco, haciendo un remedo con la Escuela Cusqueña de Pintura Barroca, y hasta que no aparece esa galería secuencia a mediados de los años 70 en Lima, como que hay un vacío por ahí en medio. Pero no vamos a poner a Perú en competición con otros países, pero sí es cierto que la fotografía que se estaba haciendo en el siglo XX, de alguna manera, es muy representativa del poder en el sentido iconográfico que tenía la fotografía en Perú”, declara Alejandro Castellote para La República a razón de una pregunta sencilla: ¿tiene Perú una gran tradición fotográfica?

    Esta pregunta viene motivada tras ver, en más de una ocasión, la exposición fotográfica Estratos de un Paisaje / Colección Jan Mulder que puede apreciarse hasta el próximo 19 de junio en el Centro Cultural Inca Garcilaso. Y la pregunta también es consecuencia de una impresión que hemos estado manifestando en La República desde hace muchos meses: el auspicioso presente de la fotografía en Perú. Hemos sido testigos de buenas exposiciones, las cuales nos han permitido asistir al nacimiento de propuestas sólidas y, del mismo modo, a la consolidación de poéticas con trayectoria. Incluso, nos atreveríamos a decir que es la fotografía la que capitanea lo que ya debería una verdad a voces: el buen momento de las artes en Perú.

    “Retrato de reciclador de basura” (1982), “Retrato de criador de chanchos, César Guzman” (1992) y “Retrato de heladero O. Cánepa” (1992) de Juan Enrique Bedoya. Imagen: Colección Jan Mulder.

    Se necesitaba una exposición como esta, no por su carácter canónico, sino por su espíritu plural, por su coherencia que respeta su carácter antológico (no están todos los fotógrafos que deberían, pero no sobra ninguno) y por su frescura, tan importante a la hora de captar y formar a los nuevos públicos. Estratos de un paisaje transmite una sensación: se percibe el diálogo de la tradición con el presente, pero en ningún momento ese diálogo hace ruido. Eso es mérito de su curador, Alejandro Castellote.

    “Martín Chambi es el generador de una identidad andina, Chambi estaba con las etnias, las fotografiaba de tú a tú, y a la vez era capaz de regentar un estudio donde pasaba a fotografiarse buena parte de la burguesía cusqueña. Martín Chambi es muy representativo de esa mezcla que hay o de esa convivencia entre la identidad andina y la necesidad de relacionarse con esa burguesía”, dice quien también hizo la primera gran retrospectiva de Martín Chambi en Europa, en 1990. “La primera vez que crucé el charco, fue para visitar, en 1989, a la familia Chambi. Si Chambi hubiera nacido en Estados Unidos, estaríamos hartos de escuchar de Martín Chambi como referente de la fotografía mundial, sin embargo, ha tardado en aparecer en la historia de la fotografía, y eso tiene que ver con quién escribe la historia”.

    “Procesión, Yanque, Arequipa” (1987) de Javier Silva. De la serie Los encantados. Imagen: Colección Jan Mulder.

    Hasta Martín Chambi, la fotografía peruana era vista como exótica. “Chambi era capaz de salir con su cámara y fotografiar a sus pares. Eso ha ocurrido muy pocas veces en la fotografía de principios del siglo XX, porque normalmente son extranjeros los que fotografiaban a los locales. Chambi les dio a sus pares una dignidad, aquello hace de él un maestro fundamental para entender qué tipo de relación tiene la fotografía con la cultura propia”.

    ¿A qué viene la recurrente mención a Chambi? Con un personaje tan potente, suscitador de elogios mayores, resulta imposible que los fotógrafos peruanos no hayan visto en él a un referente más allá de la naturaleza de sus poéticas. “Es natural que impregne a generaciones posteriores”.

    “Paisajes circulares” (1987) de Billy Hare. Imagen: Colección Jan Mulder.

    Alejandro Castellote agrega:

    “La fotografía peruana tiene un suelo en donde apoyarse y la fotografía surandina ha sido fundamental. La fotografía peruana tiene una personalidad propia”. Cuando se recorre Estratos de un paisaje, sin importar si se es conocedor o no, queda en el espectador una sensación de atemporalidad y actualidad.

    “Lo que ha ocurrido con la fotografía que se ha hecho en Latinoamérica en los años 60, 70, ha tenido relación con la reivindicación de la justicia social. Yo he tenido mucha relación con la fotografía latinoamericana y sí es verdad que en los años 90 aparece gente que proviene de las artes plásticas y que empieza a utilizar la fotografía porque les parece una herramienta muy interesante para contar lo que quieren contar, que no necesariamente tiene que ver con ese planteamiento exclusivamente social. A la fotografía en Latinoamérica algunos la llegaron a llamar la fotografía de la liberación, que hacía un juego de palabras con el movimiento de la teología de la liberación. Lo que ocurre a partir de los años 90 es precisamente esta apertura, en donde se empiezan a hablar de otras cosas. Cuando dices con el paisaje tan poderoso que tiene el Perú, con esos Andes míticos, nadie está fotografiando paisajes. Cuando se empieza a fotografiar el paisaje en Perú, es porque de alguna manera se utiliza el paisaje, no la naturaleza, como si fuera un lienzo. En ese paisaje se intuye la presencia humana. El fotógrafo peruano empieza a relacionarse con el paisaje precisamente como si fuera un lienzo en blanco en donde inscribir su relación subjetiva con las cosas, con su mirada. Yo suelo decir que el paisaje funciona como si fuera un palimpsesto, es decir, como un lienzo sobre el que vas reescribiendo un montón de cosas, donde está el pasado, pero también está el presente”.

    «Oceanograma 4» de Roberto Huarcaya. Imagen: Colección Jan Mulder

    En Estratos de un paisaje/Colección Jan Mulder, tenemos las obras de Leslie Searles, Juan Enrique Bedoya, Javier Silva Meinel, Fernando La Rosa, María Cecilia Piazza, Edi Hirosi, Daniel Pajuelo, Luz María Bedoya, Víctor Zea, Musuk Nolte, María Acha-Kutscher, Flavia Gandolfo, Mariel Vidal, Ernesto Benavides, Cecilia Paredes, Solange Adum, Lorry Salcedo, Hugo Vásquez, Mariano Zuzunaga, Billy Hare, Roberto Huarcaya, Lorena Noblecilla, Mariella Agois, entre otros. Al respecto, el curador indica lo siguiente:

    “Bart Simpson en el cerro San Cristóbal, Rímac, Lima” (1992). Colección Jan Mulder.

    “Cuando somos nosotros mismos, nos volvemos más interesantes. Te pongo un ejemplo: cuando Roberto Huarcaya decide entrar al Amazonas a hacer los primeros fotogramas, lo hace después de haber hecho muchos intentos de enfrentar la selva en el sentido de representarla. Al final decide dejar a la selva que se represente a sí misma y por eso pone esos rollos de papel de 30 y 35 metros de largo. Ese tipo de reflexión, de mirada al paisaje que le pertenece y que forma parte de su identidad como peruano, es lo que a mí me parece extraordinario y mucho de lo que está ocurriendo con los fotogramas de Roberto Huarcaya tienen que ver precisamente con eso, con una manera de representar la selva que no responde a los estereotipos de los extraordinarios documentales que hay de la BBC. En esta exposición de la colección de Juan Mulder, no se reproduce lo exótico. Tiene mucho de la mirada de Martín Chambi. Cuando miras a lo tuyo, puedes incluir capas de significados y te alejas de lo simple. Estos trabajos invitan a la reflexión. Ver la fotografía peruana me ayuda a entender más el Perú. Pienso en el cine de Flavia Gandolfo y veo una metáfora de la historia de Lima y de sus cambios que ha tenido”. Más que recomendado.

    Fuente: Diario La República.

  • Sam Steiner: “El teatro es uno de los pocos lugares en donde no podemos mirar nuestros teléfonos”

    Inglés Sam Steiner estrena en Lima su aclamada obra “Limones limones limones limones limones” en el teatro del Centro Cultural de la Universidad de Lima. Va hasta el 28 de junio.

    “Lo que más me gusta del teatro es la dinámica que hay con los actores, los directores, los diseñadores del escenario. Para mí, el proceso más difícil es sentarme solo en mi cuarto a escribir, pero sé que tengo que pasar por ese proceso para luego hacer lo que más me gusta, que es estar en el teatro, reunir a todos juntos y empezar a construir algo”, declara para La República el aclamado dramaturgo inglés Sam Steiner, quien se encuentra en Lima para presentar su obra Limones limones limones limones limones, estrenada en el año 2015 en Londres y que desde entonces ha conseguido suscitar opiniones críticas y el firme favor de los espectadores. Esta obra podrá ser apreciada en el teatro del Centro Cultural de la Universidad de Lima hasta el 28 de junio.

    Para el propio Steiner, Limones tiene un valor especial, porque si bien estudió teatro, no sabía qué quería hacer con su vida hasta que escribió esta obra que en sus sencillas coordenadas interpela al espectador con elementos básicos si la comparamos con la mayoría de producciones teatrales de hoy.

    “Siempre me ha gustado leer mucho, pero también cuando ingresé a la universidad empecé a actuar. Fui a muchas audiciones para ser actor, pero no me dieron ninguno de los roles. No era tan bueno como todos los demás. Pero como quería estar involucrado, empecé a escribir textos hasta que uno de ellos despegó, que fue Limones”.

    El guion de Limones no admite más elementos que dos actores. “Creo que el teatro es uno de los pocos lugares en donde no podemos mirar nuestros teléfonos. En él, tenemos una experiencia comunitaria con un grupo de extraños y estamos emocionalmente e intelectualmente involucrados en una historia. Creo que eso es algo que solamente se da en el teatro y que no lo podemos encontrar en muchos otros lugares”.

    Limones… va de lo siguiente, según la información oficial: Bernadette y Oliver conforman una pareja en un mundo donde el gobierno ha impuesto una ley: solo se pueden usar 140 palabras al día. Así, la pareja deberá navegar entre la atracción, los celos y las tensiones de sus diferencias, y lidiar con los retos que plantea la “ley de tranquilidad”.

    Sam Steiner recuerda bien la circunstancia específica en que nació Limones.

    “La escribí cuando tenía 21, recién había terminado la universidad. Tenía un amigo mío que quería ser director de teatro y otros dos que querían ser actores. No teníamos nada de dinero y uno de ellos me dice ¿por qué no escribes un guion? El desafío era escribir algo que hiciera virtud de esas restricciones, algo que pudiéramos hacer en una habitación, en un pub o en el aula de una escuela. Tenía que ser algo muy portable. Además, me gusta ser muy minimalista. Limones se enfoca en la gente y en el lenguaje. Quería ver la forma en cómo podemos decir mucho con poco. Esta es la obra que me abrió las puertas. No niego que he tenido suerte. Hubo un director que conectó con la historia, dos actores comprometidos con el guion y las personas correctas que la fueron a ver en el tiempo correcto. Esta obra es muy popular especialmente por el boca a boca”.

    Sam Steiner tiene 32 años y el reconocimiento a su trabajo está a la vista. ¿Cómo no marearse con el éxito cuando otros se marean con menos? “Conozco a gente así y me parece repulsivo creerse tanto por eso. Sé que aún no soy el dramaturgo que quiero ser. Solo pienso en mejorar. Si en algún momento llego a ser arrogante, mis amigos me van a decir que soy un idiota”. Para eso están los amigos.

    Dato:

    Limones en Perú. Dirección: Mikhail Page. Actuaciones: César Ritter y Carolina Cano.

    Fuente: Diario La República.

  • Gustavo Rodríguez: “Escribí “Mamita” para ir despidiéndome de mi madre”

    “Mamita” es la novela más personal del reconocido escritor Gustavo Rodríguez, pero es también una novela sobre una de las etapas más oscuras de nuestra historia. Un buen ejemplo de cómo las historias domésticas contribuyen a no olvidar. De eso va también la gran literatura. “Mi literatura refleja el hecho que no soy un fanático”.

    La República se dirige a la casa del escritor Gustavo Rodríguez, quien acaba de publicar su última novela, Mamita (Alfaguara). Desde el título podemos tener un acercamiento al contenido de este trabajo, más aún cuando el libro empieza a circular en el mes en que celebramos a la madre. Esta novela se deja leer, es risueña, no apela al lugar común y subrayamos la capacidad de su autor para tocar fibras emocionales que conectan con la vida incluso en sus pasajes trágicos, como los relacionados a una etapa oscura de nuestra historia: la época del caucho.

    Mamita se ubica en un punto muy particular en la trayectoria de Gustavo Rodríguez. Bajo todo punto de vista, es la novela de un autor ya consagrado y que solo la pudo escribir un autor ya consagrado. En Mamita se nos habla de una madre, del Perú de los últimos años, es igualmente el rescate de otra novela que debió pegar más de lo que pegó (Treinta kilómetros a la medianoche, de 2022) y un festivo repaso crítico de la trayectoria literaria de su narrador protagonista.

    Esta es la décima novela de Gustavo Rodríguez. A quienes hemos seguido su trayectoria, nos queda claro que el consenso valorativo sobre su literatura, no así en cuanto a lectoría (desde la publicación de sus primeros libros, como Cuentos de fin de semana (1998) y la novela La risa de tu madre (2001), los lectores no solo no dejan de estar con él, sino que el número de los mismos ha crecido), es muy positivo desde Madrugada (2018). Reconocimiento (a saber, el autor ganó el codiciado galardón Alfaguara de Novela 2023 con Cien cuyes) y el favor de lectores, no son detalles que aparezcan de la noche a la mañana.

    En estos momentos, Gustavo Rodríguez es uno de los autores más leídos en el mundo hispanoamericano y La República conversó con él sobre Mamita, su libro más personal.

    -Antes de preguntarte sobre Mamita, ¿qué sentiste cuando te enteraste de la muerte de Mario Vargas Llosa?

    -Exactamente, me impactó emocionalmente. Además, lo que dices es cierto, al menos en relación a mi generación y quizá la que siga, pero para mi generación definitivamente fue importante, yo no sé si los escritores treintañeros de hoy sientan su influencia, pero a mí me impactó. He dicho públicamente que los escritores peruanos que más me impactaron, en este orden, son: Julio Ramón Ribeyro, Oswaldo Reynoso y Alfredo Bryce Echenique. A Vargas Llosa lo conocí después que ellos, pero lo que más admiro de Vargas Llosa es su ética del trabajo y su manera de involucrarse con la literatura. Esa manera de concebir la literatura como un juego serio, ha sido muy importante muy importante para mí.

    -Mamita es una novela que corre y transmite, pero en realidad toda tu obra es ágil, como si no sintieras el peso para decir cosas.

    Yo no me tomo demasiado en serio, para empezar, o sea, yo no creo que los escritores deban estar en pedestal alguno, huyo de la cultura sacralizada. Yo siento que he empezado a escribir mejor cuando me he ido dando cuenta de que no tengo que impresionar a nadie.

    -¿Siempre has pensado así? Los escritores siempre quieren impresionar a alguien.

    -Quizá a los 20 años haya tenido en la cabeza al crítico literario que quiero impresionar, a la novia que quiero conquistar, al periodista cultural que quiero que me lea y reseñe. Desde que he tomado conciencia de que mi compromiso es conmigo y obviamente con un lector ideal que pueda conectar conmigo, mi obra sale más fluida.

    -Aparte de 10 novelas, también tienes otros libros. La valoración de tu obra es positiva, pero del mismo modo has tenido críticas. Nunca te he visto envilecido por una crítica negativa.

    -Los escritores somos seres muy frágiles y la manera que encontré para acorazarme contra esto fue pensar que mis obras no son mis hijos, lo cual va contra el sentido común que suelen decir muchos escritores. Pero si alguien se mete con mis hijas, yo mato; si alguien se mete con mis obras, yo trato de escindir mi obra de mí. Una vez que yo entrego una obra a publicarse, ya no me pertenece. El lector tiene todo el derecho a interpretar la obra según su propia vida. Entonces, yo ya no tengo control sobre eso. Y el saber que no tienes control sobre eso y aceptarlo, a mí me ha liberado muchísimo. Puedo tener críticas negativas, incluso malignas, pero no me afectan como me afectaban hace 20 años.

    -Pienso en Cien cuyes. Las críticas negativas que leí, eran de escritores, de colegas tuyos en tiempo real. Pero eso no les importó a los lectores, los lectores reivindicaron a los cuyes. Hay una lectoría que se identifica con lo que escribes. Una de las cosas que me gustaron de Mamita fue Hitler Muñante, el chofer que aparece en Treinta kilómetros a la medianoche, y el hecho de que te expones tú mismo también.

    -Cuando fui a presentar Cien cuyes a España, un lector se me acercó y me dijo que le había gustado mucho el personaje de Hitler Muñante y que le gustaría volver a verlo más adelante. Eso se me quedó grabado. Mamita es la novela de alguien que quiere escribir una novela y esa sugerencia metaliteraria me permitió conectar con una novela como Treinta kilómetros a la medianoche, que no fue muy conocida.

    -Pero esa fue una de las mejores novelas de 2022.

    -En 2023, la novela iba a tener un despegue en toda América, pero se truncó porque gané el Alfaguara con Cien cuyes. Treinta kilómetros… es una de mis novelas favoritas.

    -O sea, se truncó por un éxito internacional.

    -Así es. Ahora, en cuanto a la exposición que hago de mí, se debe a que con los años uno ya pierde el pudor.

    -En los últimos años, le está yendo muy bien a lo que publicas. ¿Es a partir de Madrugada que empieza en consenso?

    -Mi escritura se desató tras escribir Te escribí mañana y Madrugada, esas novelas hicieron que me soltara, que me encontrara como escritor.

    -En Mamita hay también política, se retrata al Perú de los últimos años. No hay infección ideológica.

    -Mi literatura refleja el hecho que no soy un fanático. Yo siempre veo con cautela y me divierto observando los extremos y mi compromiso sí es con la equidad y con la libertad. Mi compromiso mayor está con esas nociones y por eso quizá en mis obras oscilan entre la esperanza y la decepción, pero jamás van a llegar al cataclismo o al clímax de la felicidad.

    -Hace un rato, dijiste que huyes de lo sacro. En tu literatura hay mucho humor. Incluso el título de la novela tiene un tono de humor y aterrizas al lector con una emoción.

    -Esa es una apuesta muy clara. Lo que yo siento es que tendemos a esconder nuestros sentimientos por miedo a ser vulnerados y que en aras de ese caparazón a veces disfrazamos de prestigio intelectual lo que es miedo a mostrarse libremente, abiertamente con sentimientos. El título de la novela es coherente con su flujo de emoción.

    -El primero en humillarse en Mamita es el narrador protagonista. Aquí hay una narrativa del yo, pero real. Es un antihéroe del yo.

    -Me gustan los héroes por su torpeza, por sus carencias. Yo tengo muy clara mi noción de trascendencia. A lo más que aspiro es a que mi obra sea leída por mis hijas y quizá por los nietos que vaya a tener si los tengo. Yo creo que hasta eso tengo asegurada la repercusión de mi obra y no me hago más problemas por lo demás. Aceptar eso también me libera de muchos grilletes solemnes.

    -Aparte del yo, está la construcción de la historia familiar que empieza en la Amazonía. Pero ya que te expones al escribir, ¿qué fue lo más complicado en Mamita?

    -Si escribí Cien cuyes y luego Mamita, fue para ir despidiéndome de mi madre. Esa es la verdadera razón. Esta novela es una tarjeta que le hago a mi madre por el Día de la Madre, pero de una manera más sofisticada. Es una manera de agradecerle por todo. La escribí pensando en que ella tendría que ser la primera persona en leerla. La historia de la Amazonía es un tributo a su padre, hay cosas que no ella no sabía de su padre y que ahora sí.

    -En Mamita hay pasajes terribles.

    -No se puede hablar de la época del caucho, que está ligada a la vida de mi madre, sin denunciar lo terrible que fue y lo escandaloso que es que no se sepa.

    -De alguna manera, tu reconocimiento contribuye a que esté nuevamente en el radar.

    -Yo sí creo en los caballos de Troya literarios, en cómo puedes con una historia doméstica hacerle saber al público peruano y del extranjero de que aquí hubo una tragedia como esta.

    -Es un mensaje contra el olvido. Ahora ya nos hemos olvidado de los 50 fallecidos de hace un par de años.

    -Si parece que nos hemos olvidado de los 50 fallecidos o ejecutados, ¿cómo no nos vamos a olvidar de que hace 100 años 7 etnias fueron diezmadas en pro del progreso? Eran etnias que no hablaban español, pues curiosamente la mayor parte de los 50 asesinados, tenían apellido no español también. Qué curioso cómo se repite el mismo fenómeno. Y creo que la literatura, como tú dices, aporta. Porque uno puede olvidar noticias, pero es más difícil que olvide historias. Esa tragedia también es la historia de mi madre.

    Fuente: Diario La República.