La Feria Internacional del Libro de Lima se despide con promociones imperdibles en más de 100 expositores.
La Feria Internacional del Libro de Lima 2025 entra en sus últimos días y lo hace con atractivas promociones para los amantes de la lectura. Hasta el martes 6 de agosto, el evento literario más importante del país ofrece libros desde S/ 5, descuentos de hasta el 60% y paquetes promocionales ideales para ampliar la biblioteca personal o descubrir nuevas voces literarias.
En esta 29ª edición, la feria reúne una amplia variedad de géneros: narrativa clásica y contemporánea, literatura amazónica, poesía, ensayos, publicaciones académicas, libros infantiles, títulos en lenguas originarias, entre otros. Además, muchas editoriales independientes, librerías y distribuidoras han preparado ofertas especiales, promociones tipo 3×2, y rebajas escalonadas para estudiantes, docentes y adultos mayores.
📌 Algunas promociones destacadas:
Lupuna Ediciones: cuentos amazónicos e infantiles desde S/ 20. Ofertas 2xS/50 y 4xS/50.
Pakarina Ediciones: libros bilingües (quechua y wampis) con hasta 40% de descuento.
Abraham Valdelomar: 50% en historia y poesía impresa en papel reciclado.
Trazos Editores: libros desde S/ 20 (3xS/50) y S/ 30 (3xS/60).
Los Libros Más Pequeños del Mundo: ejemplares desde S/ 10, con obsequios por compras múltiples.
🏷️ Ofertas en librerías y distribuidoras:
Editorial San Marcos: 50% de descuento en literatura infantil, 25% en universal.
Librería Ideal: ejemplares desde S/ 5, y variedad de títulos a S/ 10 y S/ 20.
Distribuidora Gutiérrez y Maxibooks: cuentos y recetarios desde S/ 5.
IEP, Delta, THOT, Disbook, Jurista Editores, Trotamundos, entre otras: descuentos que llegan al 50%.
📚 Outlets y grandes editoriales:
Crisol: títulos desde S/ 9.90, con descuentos de 30% a 50%.
Planeta y Estruendomudo: promociones de hasta el 50%.
DM Libros: 35% de descuento y paquetes 3×2.
Incabooks: hasta 40% de rebaja y libros infantiles desde S/ 9.90.
🗓️ ¿Dónde y hasta cuándo?
La FIL Lima 2025 se desarrolla en el Parque Próceres de la Independencia, en Jesús María, y estará abierta hasta el martes 6 de agosto. Es una excelente ocasión para adquirir libros a precios accesibles, apoyar la producción editorial nacional y celebrar la lectura en todas sus formas.
La obra de Stefania de Ruvo estrena el 21 de agosto y ofrece una mirada humorística al absurdo de la vida diaria.
¿Qué pasaría si una voz desconocida comenzara a narrar cada instante de tu vida? Esa es la original premisa de Un día como cualquier otro, la comedia existencialista escrita por Stefania de Ruvo y dirigida por Gian Marco Valle, que se presentará del 21 al 24 de agosto en el Nuevo Teatro Julieta, en Miraflores.
La trama sigue a Mario, un hombre atrapado en la monotonía diaria, cuya vida da un giro inesperado cuando un narrador invisible irrumpe en su existencia, obligándolo a verse a sí mismo desde una nueva perspectiva.
Entre situaciones absurdas y momentos divertidos, la obra reflexiona sobre el miedo al cambio, la búsqueda de libertad y el sentido oculto tras nuestras acciones cotidianas.
Producida por Telón Mestizo, esta pieza reúne a un talentoso elenco: Mario Rengifo, Alana La Madrid, Sebastián Olivencia, Leny Luna Victoria y Lucía Brozovich. La puesta en escena combina un humor ágil con crítica social, invitando al público a reconocerse y reírse de las propias trampas de la rutina.
“El teatro también puede ser un espejo incómodo y una risa compartida”, comenta el director Gian Marco Valle, quien apuesta por una propuesta cercana y profunda para todos aquellos que, como Mario, se sienten atrapados en su día a día.
🎭 FICHA TÉCNICA
Funciones: 21, 22, 23 y 24 de agosto Lugar: Nuevo Teatro Julieta – Pasaje Porta, Miraflores Entradas: Disponibles en Joinnus y vía WhatsApp al +51 934 659 298
El chelista estadounidense se presenta hoy martes 5 de agosto en el histórico Teatro Municipal de Lima, interpretando obras maestras de Saint-Saëns y Dvořák
El destacado chelista Julian Schwarz llega por primera vez no solo a Perú, sino a toda Sudamérica, para ofrecer un concierto único en el Teatro Municipal de Lima este martes 5 de agosto. La velada incluirá dos piezas fundamentales del repertorio para violonchelo y orquesta: el Concierto N.º 1 en la menor de Camille Saint-Saëns y el Concierto en si menor de Antonín Dvořák.
“Este concierto representa mucho para mí”, comenta Schwarz. “No solo es mi primera vez en Lima, también en Sudamérica. Tener el honor de tocar como primer solista junto a la nueva Orquesta Filarmónica Teresa Quesada lo hace aún más especial”.
El poder emocional de la música
Sobre el repertorio, Schwarz destaca la profundidad emocional del concierto de Dvořák, marcado por una pérdida personal del compositor: “Quise resaltar ese sentimiento en mi interpretación. Es una obra que combina nostalgia con innovación sonora”, explica.
También recuerda con cariño su primer concierto como solista, a los 11 años, dirigido por su padre: “En ese momento solo quería tocar bien, pero con el tiempo aprendí a disfrutar del intercambio musical y la libertad que da tocar con alguien tan cercano”.
Música como herencia y vocación
Schwarz proviene de una familia profundamente musical. Aunque nunca conoció a su abuelo, el violista Sol Greitzer, asegura haber encontrado una conexión espiritual al descubrir una antigua grabación suya: “Ahí entendí que la música no solo se aprende, también se hereda en el alma”.
Enseñar para seguir aprendiendo
Además de su carrera como intérprete internacional, Schwarz es también un apasionado docente. Para él, enseñar y tocar son roles inseparables: “Cada vez que enseño, descubro nuevas formas de interpretar. Mis alumnos me inspiran tanto como yo a ellos”.
En su labor pedagógica, busca cultivar una voz propia en cada estudiante: “No les impongo un estilo. Les muestro posibilidades para que exploren su identidad musical”.
Un puente entre culturas
Durante una gira en China, Schwarz vivió un momento revelador: “Tocar una canción popular china como encore fue un éxito en cada ciudad. Me hizo entender el poder de la familiaridad. Mi objetivo es que más personas se enamoren de las obras clásicas como si fueran parte de su cultura”.
Finalmente, habla sobre su trabajo con compositores contemporáneos: “Cada nueva obra es un viaje. Me encanta ver cómo una pieza evoluciona en cada interpretación y cómo poco a poco se construye su propia tradición”.
¿Por qué es tan importante este genio peruano? En el Perú, poca gente lo sabe. En todo el mundo académico, lo es porque ha descifrado y traducido los libros sagrados budistas e hinduistas.
Cuando pasé de la Universidad de Trujillo a la de San Marcos, continué mi carrera de Derecho, pero, al mismo tiempo, tomé estudios de latín y literatura griega, entre otros tópicos.
Creo que estudié latín y griego para asegurarme de que, en la otra vida, seré bien recibido y hablaré la lengua de los ángeles.
Otra razón puede ser que vivía la guerra de Troya con mayor intensidad que una conflagración mundial contemporánea y que estaba interesado por el destino de los reyes griegos luego de diez años de combatir y de vencer frente a las murallas vetustas de Ilión.
Más justo es confesar que estaba deslumbrado por las clases de Fernando Tola. En esos momentos, el profesor leía con nosotros Agamenón, la inmortal tragedia de Esquilo.
Nada nos parecía tan trascendente como esta tragedia escrita hace 2500 años. Luego de una década, se había terminado en Troya una verdadera guerra del mundo. Agamenón, rey de Argos, volvía victorioso a casa. Sin embargo, no sabía que Clitemnestra, su esposa, planeaba matarlo ni que Egisto, el amante, se estaba ya probando la corona del reino griego.
Mientras las naves del rey traicionado se retrasaban en la mar, el Coro nos advertía que todo esto estaba a punto de ocurrir.
Queríamos dejar a un lado las voces lastimeras del corifeo y entrar de lleno en la trama, pero nuestro profesor nos obligaba a volver páginas atrás y a comparar la traducción castellana con lo expresado en el griego clásico, así como a analizar, en medio de un asombroso alfabeto, los cambios emocionales de quienes nos relataban la historia.
No sabíamos cuándo íbamos a conocer la verdadera suerte de Agamenón ni cuándo pasaríamos a Las Coéforas ni a Las Euménides, las otras obras de la trilogía.
Estuve a punto de no saberlo nunca porque un doloroso acontecimiento familiar me obligó a regresar a la Universidad de Trujillo.
Edgardo Rivera Martínez dijo que Tola tenía el don de lenguas. Se refería al hecho de que Tola había entregado su larga vida al estudio de las culturas de Oriente y al cultivo de las lenguas del latín al pali y del griego al tibetano. Además de ellos, los idiomas modernos con los que trabajó fueron: chino, japonés, inglés, alemán, italiano, portugués y, por cierto, castellano.
Entre las hazañas de este peruano genial destaca haber sido reconocido como la autoridad académica mundial en lengua sánscrita, a pesar de no haber tenido un maestro para estudiar la antigua lengua clásica de la India.
En el Perú, como profesor de San Marcos, fundó el Instituto de Lenguas y Culturas Orientales para introducir en los misterios del mundo antiguo a estudiantes peruanos y extranjeros que estaban en busca de un gurú. Con ellos, llegó Carmen Dragonetti, una filóloga argentina, quien se convertiría en su esposa, en su colaboradora y en una investigadora tan tenaz como él.
¿Por qué es tan importante este genio peruano? En el Perú, poca gente lo sabe. En todo el mundo académico, lo es porque ha descifrado y traducido los libros sagrados budistas e hinduistas. Para afrontar esa tarea descomunal tuvo que manejar con soltura sánscrito, pali, hindi, así como chino y japonés de siglos diferentes.
En la tragedia, ¿qué le ocurrió a Orestes, el héroe griego?
Lejos de mi asombroso maestro, que aparecía tan pronto en la India como en Buenos Aires o en algún rincón de Europa, tuve que leerme solo toda la Orestíada y el resto de tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides, así como entender los movimientos pasionales de sus personajes y los caprichos de los dioses.
Como todos recordarán, Orestes vengará a su padre, pero será perseguido por las furias. Al final se presentará en Atenas ante el tribunal que debe juzgarlo. Nunca entendí lo que pasó después.
Cuando el sabio tenía 101 años, lo entrevistaron. En el video -que está en Youtube- el Dr. Tola luce tan joven y despierto que apenas parece el hermano mayor de su sobrino nieto, Raúl Tola. Quizás por eso, cuando Raúl me estaba entrevistando en la televisión sobre alguno de mis libros, se me ocurrió preguntarle por el destino de Orestes y el veredicto del tribunal de Atenas.
Uno de los mayores escritores de nuestro tiempo, el español Javier Cercas, conversó con La República a razón de su reciente publicación sobre el papa Francisco: “El loco de Dios en el fin del mundo”. El celebrado autor también nos habla de lo que debería importar en el oficio literario.
En el panorama de la narrativa hispanoamericana contemporánea, el nombre del escritor español Javier Cercas está más que posicionado. Respetado por la crítica y con miles de lectores en el mundo, ha escrito sobre los temas que le han inquietado, tanto en ficción como en no ficción, entregando a la memoria de los lectores obras referentes en cada una de estas parcelas. En esta entrevista con La República, Javier Cercas nos habla de su novela de no ficción El loco de Dios en el fin del mundo (Random House) y de otros aspectos relacionados con el oficio literario. Atentos.
-¿Cómo llevas el reconocimiento? Muchas cosas han pasado desde Soldados de Salamina, la novela con la que te hiciste conocido.
-Han pasado 25 años desde Soldados de Salamina. Es una buena pregunta. Creo que es un malentendido a veces, ¿no? Quiero decir que yo sigo siendo el mismo, solo que hay gente que aprecia mi trabajo, y eso es fantástico. Pero no noto ninguna presión ni nada parecido. Yo cuando escribo estoy solo. Creo que nos pasa a todos los escritores. Y si no estás solo no puedes escribir. O sea, si no prescindes de todas las expectativas que los demás tienen puestas en ti, de que los demás puedan pensar de tus libros, de la posición que hayas adquirido, si no prescindes de eso, no puedes escribir. Escribo exactamente igual que cuando no me conocía nadie. La única diferencia es que ahora me dedico de lleno a escribir.
-Pregunta sencilla, pero compleja de responder: ¿qué se necesita para ser escritor?
-Te voy a decir una cosa, que para mí es muy importante. Siempre se dice que para ser escritor hay que tener un gran ego. Esto es como el dogma, ¿no? Yo estoy totalmente convencido de que la realidad es exactamente la contraria. El ego destroza a los escritores. Esa es mi experiencia, yo lo he visto. Los mejores escritores que yo he conocido son personas que, aunque a veces aparenten lo contrario, son profundamente humildes. Para ser escritor no hace falta ego, hace falta destruir el ego, hace falta humildad, sobre todo para ser novelista. Odio a los escritores que se ponen por encima de sus personajes. Compadezco al escritor que, por tener éxito, se cree superior a los otros. Tengo 63 años y he visto escritores que, a los 30, 25 y 40 años, prometían mucho y han sido destruidos por su propio ego, por su petulancia.
-¿Qué otra cosa más detestas?
-También detesto a los escritores cuya literatura es la del primero de la clase. En español hay muchos de esos escritores que escriben mirándote por encima del hombro, que cuando escriben quieren mostrar lo listos que son. El gran escritor no intenta mostrar lo listo que es. El gran escritor crea un mundo extraordinariamente inteligente.
-Es un trabajo de humildad.
-Es un trabajo de humildad. Y la prueba máxima es Cervantes o Shakespeare. Hay una humildad militante en ellos. Cuando escriben, no sé cómo eran como personas, escriben sin la más mínima duda. Cervantes mira a todos sus personajes desde abajo y es capaz de convertir a un destripaterrones como Sancho en un tipo extraordinario. Lo contrario es Quevedo. Cervantes se ríe con nosotros. Se ríe con sus personajes. Y nosotros nos reímos con sus personajes. Quevedo, que era un genio, se ríe de su gente. Es un genio, no hay duda. Quevedo es el prototipo de literatura de primero de la clase, literatura del señorito. Y eso, por desgracia, en español ha triunfado. Por eso la novela no cuajó en España. La novela requiere esa humildad, esa humildad militante. Los grandes novelistas se interesan por el ser humano. No esos novelistas que, en cuyas novelas, hace falta ser un profesor o catedrático de Oxford para ser respetado. Cualquier persona, por más humilde que sea, tiene algo extraordinario, o algo de qué reírse, pero con él, no contra él.
-Antes de Soldados de Salamina publicaste dos novelas que no tuvieron mucha resonancia.
-Eres muy generoso, Gabriel. Nadie leyó esas novelas salvo mi madre, mis hermanas y alguna amiga.
-A lo que me refiero es que tú sí sabes lo que es el silencio literario.
-Absolutamente.
-¿Estos factores lo tuvieron en cuenta en el Vaticano cuando te convocaron para escribir sobre el papa Francisco? Hay mucho misterio en tu elección.
-Mientras escribía el libro no me hice esa pregunta. Es un misterio. Obviamente, ellos buscaban a un escritor conocido. Tengo la suerte de tener lectores en varios lugares. En Italia me leen mucho, también en Estados Unidos. Si llegas al Vaticano y no conoces las claves del catolicismo o cristianismo, estás perdido. Es como una auditoria. Llega alguien desde fuera y tiene más autoridad para opinar sobre tu periódico, en cambio si eres tú quien opina sobre tu periódico estás condicionado porque formas parte de él. Todo esto llegó en el momento indicado, justo cuando mi madre se estaba muriendo. Para mí es un pequeño milagro, sinceramente.
-Imagino que ellos esperaban un reportaje de mediano aliento. El libro tiene casi 500 páginas.
-Esto te lo voy a decir a ti. El gerente de comunicación del Vaticano me dijo no me esperaba una cosa así. Esperaban más un libro de circunstancias. Pero aquí el milagro, el azar extraordinario cuando se juntan esa oportunidad y una necesidad. Mi madre era una persona profundamente religiosa. Mi madre, cuando muere mi padre, dice que ella va a verlo después de la muerte. Entonces yo tengo la idea, que no es una idea sino una urgencia de mi madre, de hablar con el papa para saber si ella va a verlo después de la muerte o no. Ese es el libro realmente. Sin eso, si se lo hubiesen propuesto a alguien cuya madre ha muerto ya, o yo qué sé, que no hubiese tenido esta idea, pues el libro hubiese sido completamente distinto, mucho menos ambicioso, digamos.
-La exposición personal ya es parte de tu poética.
-Yo parto de lo personal para ir a lo universal.
-El loco de Dios en el fin del mundo dialoga con Anatomía de un instante. En ese libro cuentas la historia contemporánea de España y en este último la historia de los últimos años del mundo.
-Así es, es la historia de los últimos años del mundo. Este libro indaga el corazón del cristianismo en un momento en que el cristianismo ya no es lo que era. Este libro se pregunta qué es la Iglesia, quién es Dios, qué es la creencia, qué es la fe en un momento en que ya vivimos en un mundo sin Dios. En un momento en que tenemos todavía gente como mi madre, como tenemos una generación muy cercana que vivía en un mundo ordenado por Dios, por la creencia, por el cristianismo, por el catolicismo, pero nosotros ya no vivimos en ese mundo. Vivimos en un mundo sin Dios.
-Cuando un escritor se expone, es inevitable que aparezcan las críticas.
-Cuando empecé a hacer estos libros, me acusaron de narcisismo. Algunas personas decían que ese tipo está tan enamorado de sí mismo que se saca en sus libros. Es una forma un poco pedestre de verlo. Cuando Montaigne habla de sí mismo, no habla de sí mismo, sino que está hablando de todo el mundo. Esto es algo que fui descubriendo. Cuando Rembrandt se autorretrata constantemente, no se autorretrata constantemente porque está enamorado de sí mismo, se autorretrata porque sabe que ahí está la humanidad. La pregunta que se hizo mi madre, es una pregunta universal. Es la pregunta que se hace un niño. Todos mis libros parten de preguntas elementales que haría un niño. Pues resulta que ese es el corazón del cristianismo. Exactamente el corazón del cristianismo, aunque los cristianos, o muchos cristianos, lo hayan olvidado. La resurrección de la carne y la vida eterna. En lo más pequeño está lo más grande si sabes verlo. Lo de Anatomía de un instante parte de algo ínfimo que lo vio todo el mundo, pero ahí está la historia de España.
-Tú eres un escritor que sale de su ficción para ver el mundo.
-Yo creo que la literatura sirve para entender el mundo. Una literatura para literatos es una literatura inane. Una literatura encerrada en sí misma, no sirve para nada. La literatura es forma y tiene que romper las formas y tiene que experimentar. No es un experimento de laboratorio, no es tan intrascendente como la filatelia, según ha dicho algún vanguardista. Shakespeare no es tan intrascendente como la filatelia, Cervantes no es tan intrascendente como la filatelia. La literatura sirve para entender el mundo y para entendernos a nosotros mismos.
-Conociste a Vargas Llosa. ¿Nos hace falta?
-Cuando murió Vargas Llosa, no fue una sorpresa. Cuando murió el papa Francisco, tampoco. Sabíamos que estaban mal de salud. Como persona, Vargas Llosa fue muy importante para mí. Pero no hay que echar de menos a Vargas Llosa, lo más complejo y sutil de Vargas Llosa está en sus libros. Hace falta escritores que no se consideren solo escritores, sino también ciudadanos, como cualquiera. Vargas Llosa pudo callarse y le hubiese ido mucho mejor. Le daban el Nobel a los 50 años en vez de dárselo a los 70. Es muy difícil que aparezca una persona con la autoridad para hablar que sí tenía Vargas Llosa.
RPP consultó a los miembros de Apreci por sus películas peruanas favoritas del siglo XXI. Esta es la selección que celebra nuestra cinematografía en todas sus formas.
Las películas no solo entretienen; también nos conectan con lo que somos. Más allá de los grandes estrenos, hay títulos que capturan la esencia del Perú desde distintas miradas. En colaboración con la Asociación Peruana de Prensa Cinematográfica (Apreci), compartimos una selección que celebra la peruanidad en sus formas más diversas, a través del placer —nada culposo— al que llamamos cine.
Aquí encontramos cintas que han marcado hitos históricos, como la primera y única nominación al Oscar para una película peruana hace 15 años, así como la única cinta nacional ganadora del Goya en 1991. También se incluyen propuestas que exploran la diversidad y el realismo mágico, relatos conmovedores y, a veces, dolorosos, que muestran realidades alejadas de la urbe.
Aunque podríamos mencionar muchas más, en este artículo reunimos 15 películas peruanas —estrenadas en lo que va del siglo— que figuran entre las favoritas de miembros de Apreci. Todas han destacado en festivales, recibido elogios de la crítica y marcado un antes y un después en la cinematografía nacional.
Aquí te las presentamos…
Canción sin nombre (2019) Directora: Melina León
“La memoria histórica y el thriller se unen en Canción sin nombre, un sólido drama ambientado en el Perú de 1988, un escenario en donde imperan la inseguridad ciudadana y la hiperinflación. Filmada en blanco y negro, la ópera prima de Melina León relata la odisea de Georgina, una mujer humilde que sufre el robo de su hija recién nacida. Un reportero idealista será su aliado en una búsqueda que los enfrentará con la ineficacia del sistema policial y judicial de aquella época” —Pablo Hernández.
Premios: Competencia por la Cámara de Oro en el Festival de Cannes; ganadora a Mejor Película en los festivales de Estocolmo y Huelva; nominada al Goya a Mejor Película Iberoamericana; candidata oficial del Perú a los Oscar; Premio APRECI a Mejor Película.
Contracorriente (2009) Director: Javier Fuentes-León
“La película marcó un antes y un después en la forma en que muchos, yo incluida, empezamos a entender el cine peruano. Un autor contemporáneo por fin sacaba cabeza con una obra que, siendo profundamente de coyuntura, no perdía la tradición ni la esencia de lo que implica ser y habitar como peruano. El primer largometraje de Javier Fuentes-León, Contracorriente, aborda el duelo por un amor oculto, una mentira que desborda, y el característico realismo mágico latinoamericano” —Sofía Álvarez.
Premios: Ganadora del Premio del Público en los festivales de Sundance, Cartagena y Miami; nominada al Goya a Mejor Película Iberoamericana; candidata oficial del Perú a los Oscar.
Días de Santiago (2004) Director: Josué Méndez
“Al volver a ver la película por sus veinte años, noté cómo el protagonista simboliza al Perú: alguien regido por valores contradictorios, sin rumbo claro y al borde del colapso. En su mente distorsionada, que va del color al blanco y negro, arde una rabia nacida del abandono. Al no saber cómo expresarla, todo se desborda. Josué Méndez hace una radiografía del país desde el cuerpo de un exsoldado quebrado y entrega un filme tan crudo como lúcido. Visceral como pocas en nuestro cine” —Marcelo Paredes.
Premios: Pietro Sibille ganó el premio a Mejor Actor en los festivales de Lima, BAFICI y Bratislava; Josué Méndez recibió Mención Honrosa a Mejor Ópera Prima en el Festival de La Habana; candidata oficial del Perú a los Oscar.
El destino no tiene favoritos (2003) Director: Álvaro Velarde
“Entre escasas películas y autorías, El destino no tiene favoritos, debut de Álvaro Velarde, inventó en una holgada mansión la trama cómica del rodaje de una telenovela estereotipada. Satirizó fórmulas melodramáticas y hurgó en colores subrayados, ambientes sinuosos y estrellas disforzadas la presión de grabar en el país al que le falta todo. Ese mundo de fábula hablaba de las viejas fracturas del Perú. Sigue siendo la comedia más estilizada y lograda de nuestro cine” —Gabriel Quispe.
Premios: Tatiana Astengo ganó el premio a Mejor Actriz en el Festival de Cine de Lima.
Historias de shipibos (2023) Director: Omar Forero
“Esta coming-of-age no trata solo del paso de la niñez a la adultez, sino sobre la identidad y el sentido de pertenencia de un muchacho amazónico enfrentado a una sociedad que lo extrae de la cultura y los espacios comunitarios con los que creció. Al seguir el viaje de vida de Bewen, mediante el humor y actuaciones naturales, nos encontramos con el valor de la voluntad de coexistir abrazando la pluriculturalidad de un territorio vasto (y muchas veces, hostil) como el del Perú” —Alejandra Bernedo.
Premios: Mención Honrosa del Jurado de Ficción en el Festival de Cine de Lima; Andry Azán ganó a Mejor Actor de Reparto en los Premios APRECI.
Kinra (2023) Director: Marco Panatonic
“La ópera prima del cusqueño Marco Panatonic es una obra clave sobre la migración interna del campo a la ciudad en el cine peruano. Con un tono contemplativo, pero también espontáneo y cargado de verismo y humor, narra el viaje de Atoqcha, joven quechua hablante de Chumbivilcas que se traslada a Cusco en busca de un futuro mejor. En su tránsito afloran con sensibilidad asuntos como la identidad cultural, la urbe precarizada, el porvenir incierto y el vínculo materno ligado a la Pachamama” —Rodrigo Portales.
Premios: Ganadora a Mejor Película en el Festival de Mar del Plata; recibió seis premios en el Festival de Cine de Lima, incluyendo Mejor Ópera Prima; Premio APRECI a Mejor Película.
La luz en el cerro (2016) Director: Ricardo Velarde
“La luz en el cerro no es un drama convencional ni una película comercial predecible. Tiene a un actor cómico como Manuel Gold en un rol dramático, a personajes antipáticos, y fue filmada en celuloide y en locaciones reales, evitando cualquier tipo de artificio. Es por todo eso que es de mis películas peruanas favoritas, y merece tener una segunda oportunidad, considerando su estatus como una especie de anomalía en cuanto al cine peruano” —Sebastián Zavala.
Premios: Ramón García ganó a Mejor Actor de Reparto en los Premios APRECI.
La teta asustada (2009) Directora: Claudia Llosa
“Fausta (una estupenda Magaly Solier) sufre de una rara enfermedad conocida como ‘la teta asustada’, la cual se hereda a través de la leche materna de mujeres que han sido violadas durante el conflicto armado interno. El camino de búsqueda y cicatrización de Fausta la lleva hacia una liberación de su propia alma y de la prisión que ella ha instalado en su cuerpo. La bella escena final representa el florecer de Fausta y su nueva visión ante la vida, libre del miedo y de las raíces que mantuvieron su alma escondida bajo la tierra” —Juan Carlos Ugarelli.
Premios: Ganadora del Oso de Oro en el Festival de Berlín y del premio FIPRESCI; nominada al Oscar a Mejor Película en Lengua Extranjera; Premio APRECI a Mejor Película.
Las malas intenciones (2011) Directora: Rosario García-Montero
“Nos muestra los años difíciles en la Lima de los años 80, cuando la ciudad y gran parte del país sufría el asedio del terror de Sendero Luminoso. Su presencia no aparece directamente, pero sí a través de noticieros, paredes con pintas, perros asesinados o cerros iluminados con la hoz y el martillo. La protagonista Cayetana parece ser inmune a estas señales, pero es posible que parte de la oscuridad que habita en su personaje, sea un mecanismo de defensa contra la terrible realidad que la rodea. La película se sostiene en gran parte por la extraordinaria actuación de Fátima Buntix” —Milton Calopiña.
Premios: Ganadora a Mejor Película Latinoamericana en el Festival de Mar del Plata; participación en la sección Generation Kplus del Festival de Berlín; candidata oficial del Perú a los Oscar; Premio APRECI a Mejor Película.
Madeinusa (2006) Directora: Claudia Llosa
“La ópera prima de Claudia Llosa no solo dio a conocer el talento de Magaly Solier, sino que también impulsó el reconocimiento internacional de la directora. Gracias a esta recepción positiva, Llosa realizó La Teta Asustada. Por su parte, Madeinusa se sitúa en un pueblo andino ficticio para cuestionar ciertos aspectos del costumbrismo local, a través de la religión y el patriarcado, exponiéndolos de forma notable” —Fedor Rivera.
Premios: Ganadora del premio FIPRESCI en el Festival de Rotterdam; Mejor Película Latinoamericana en el Festival de Mar del Plata; Magaly Solier ganó el premio a Mejor Actriz en el Festival de Cartagena; candidata oficial del Perú a los Oscar.
Manco Cápac (2020) Director: Henry Vallejo
“Es uno de los más destacados filmes del llamado cine regional peruano. En su película, Henry Vallejo sigue a Elisban, un joven proveniente del campo que se busca la vida en un entorno urbano adverso, afrontando desafíos y manteniendo siempre cierta esperanza. El filme, muy celebrado por su realismo y autenticidad, resalta la dignidad de su memorable protagonista, ofreciéndonos uno de los finales más sugerentes del cine peruano reciente” —Laslo Rojas.
Premios: Jesús Luque ganó el premio a Mejor Actor en el Festival de Cine de Lima; candidata oficial del Perú a los Oscar; Premio APRECI a Mejor Película.
Mataindios (2018) Directores: Oscar Sánchez Saldaña y Robert Julca Motta
“Mataindios traslada a la pantalla el dolor, la pérdida y también la esperanza de una comunidad altoandina de la costa. Narra la preparación de una celebración, que conmemora a sus muertos, bajo una mezcla de costumbres cristianas. Cada detalle narrativo se sustenta en simbolismos cinematográficos. El blanco y negro que, por momentos, parece azulado, combinado con los escasos diálogos y más bien la apuesta por imágenes potentes que demuestran, por un lado, la hegemonía cultural impuesta desde el colonialismo y por otro, la rebeldía de sus nuevas generaciones, en medio del dolor de su historia y la realidad que aún parece detenida y olvidada en el tiempo” —Zoraida Rengifo.
Premios: Ganadora a Mejor Película Peruana en el Festival de Cine de Lima.
Tinta roja (2000) Director: Francisco J. Lombardi
“Desde que se estrenó hace veinticinco años, Tinta roja muestra la característica voraz del limeño representado a través de los trabajadores del diario “El Clamor” donde la sabiduría, el chantaje, la frivolidad y el machismo son parte de la idiosincrasia capitalina que inunda la ingenuidad de Alfonso Fernández en una Lima que todavía respira violencia. Lombardi hace una radiografía de los vicios de nuestra ciudad en una crítica ácida, pero también reflexiva mirada, hacia el periodismo” —Giancarlo Fernández.
Premios: Francisco J. Lombardi ganó el premio a Mejor Director en los festivales de San Sebastián y La Habana; Gianfranco Brero ganó Mejor Actor en los festivales de Cartagena y La Habana.
Videofilia (y otros síndromes virales) (2015) Director: Juan Daniel Fernández Molero
“Una anomalía dentro del cine peruano, Juan Molero apuesta por las drogas y la pornografía amateur en este retrato derrotista de la juventud, del underground limeño que entrega cuerpo y alma a la virtualidad. Lejos de ser didáctica o moralista, Videofilia captura la desesperanza de una generación que, olvidada por sus líderes, encuentra la salvación más allá de lo real, en medio de rituales hedonistas que representan la cúspide de la dependencia tecnológica, de ese vacío existencial que solo el simulacro puede llenar” —Nilton Arana.
Premios: Ganadora del Tiger Award a Mejor Película en el Festival de Rotterdam; candidata oficial del Perú a los Oscar; Premio APRECI a Mejor Película.
Wiñaypacha (2017) Director: Óscar Catacora
“De sobrecogedora belleza, es un hito del cine peruano, que desde su corazón aymara se eleva a lo universal. Un duro retrato de la ancianidad y una figuración del propio final de los tiempos. Como simboliza la apacheta, ofrenda del camino, el paso por la existencia resulta efímero y la eternidad a la que alude el título tal vez se encuentre más allá de los nevados. Primer largometraje de Óscar Catacora. Con su fallecimiento el Perú perdió muy temprano a uno de sus más grandes creadores” —Luis Vélez.
Premios: Ganadora de los premios FEISAL, Mejor Ópera Prima y Mejor Fotografía en el Festival de Guadalajara; candidata oficial del Perú a los Oscar; Premio APRECI a Mejor Película.
Caja Huancayo ¡la Caja del Perú! promueve el emprendimiento local auspiciando la Feria Gastronómica Nacional más grande del Centro ¡Qué rico! Perú, evento donde empresarios locales exhiben y venden sus productos, ofreciendo una muestra de los platos emblemáticos de cada región: Costa, Sierra y Selva.
Asimismo, se presenta el área de vehículos y proyectos inmobiliarios con posibilidad de adquirir descuentos, financiamiento especial, asesoría y promociones especiales con nuestra entidad financiera. También stands de Artesanías del Centro del Perú, productos hechos con las manos de hombres y mujeres de los pueblos andinos.
Este gran evento, inaugurado el último jueves y que se desarrolla en el Parque Zonal de Coto Coto, obra cofinanciada con las utilidades de Caja Huancayo, contará con el apoyo de la institución financiera para la entrega de los premios de la Copa Bicentenario.
Además, participa del sorteo de S/2,500.00 soles escaneando el código QR ubicado en la oficina móvil AYNY de Caja Huancayo, hasta el 28 de julio, la premiación se realizará el 07 de agosto. El AYNI cuenta con asesores y auxiliares de operaciones, que brinda asesoría financiera y evaluaciones de créditos; asimismo, encontrarás un stand donde podrán acceder a los productos, servicios y apertura de cuentas de ahorros.
Los estudios históricos nos han permitido en las últimas décadas acercarnos a una nueva versión de las sociedades prehispánicas y entenderlas a partir de concepciones diferentes.
Esta es una pregunta que muchos nos hacemos -y algunos con menosprecio-, pero que seriamente encara Manuel Burga en el libro del mismo título, que acaba de ser publicado por el sello Reino de Almagro.
Manuel Burga, nacido en Chepén, ha sido rector de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, vicerrector de la Universidad Ruiz de Montoya y director del Lugar de la Memoria. Ha obtenido sus grados universitarios en San Marcos y en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. Pero el mayor de sus reconocimientos lo ha ganado recientemente. Lo diremos después.
En primer lugar, aprendemos la historia del Perú para apreciarnos mejor a nosotros mismos. Todas las grandes naciones, al mirarse a sí mismas, se conciben como civilizadas, grandes, únicas y miran a los pueblos extranjeros como menos importantes, bárbaros o salvajes.
Los incas utilizaron este mismo mecanismo para fortalecerse como nación. Sin embargo, luego de la conquista española surgió en nuestra sociedad un complejo colectivo inverso: mirar con admiración al extranjero -al que consideramos civilizado- y autoflagelarnos, considerando que nuestras raíces indígenas son más bien bárbaras, “indias” y casi prescindibles -según asevera Burga.
El historiador da otra buena razón para aprender historia, y es para conocer mejor el presente.
Después de recordar algunas consideraciones de Benedetto Croce en el sentido de que somos producto del pasado y lo llevamos siempre con nosotros, Manuel Burga recuerda la importancia que tienen los Comentarios Reales de los Incas (1609) de Garcilaso de la Vega y la Nueva Corónica y Buen Gobierno (1615) de Felipe Huamán Poma de Ayala.
Entendemos cuánto levantaron esos textos las conciencias hacia la liberación como también lo asimilaron las autoridades coloniales quienes los prohibieron -bajo pena de muerte- inmediatamente después de la ejecución de Túpac Amaru el 18 de marzo de 1781.
Debemos entender que ese mismo significado tuvieron en la época de la reconstrucción nacional, luego del desastre de la Guerra con Chile (1879-1883), la obra de peruanos como Manuel Felipe Paz Soldán y Manuel González Prada, al igual que más tarde la de José Carlos Mariátegui.
Hay otra razón, y es la de la objetividad -dice Burga- quien hace ver que los estudios históricos nos han permitido en las últimas décadas acercarnos a una nueva versión de las sociedades prehispánicas y entenderlas a partir de concepciones diferentes.
Vale decir que lograremos la comprensión de nuestro pasado en tanto y en cuanto seamos capaces de hacer una lectura más audaz de nuestro futuro.
Para Burga, construir una memoria es poner la historia al servicio de un país.
Leo el libro y entrevisto al historiador. Se me ocurre preguntarle por un momento de la historia que no puedo entender sin llorar: inmediatamente después de la ejecución de Túpac Amaru II, el visitador Areche dispuso una Caravana de la Muerte: centenares de familiares y allegados al gran rebelde -entre ellos, 92 mujeres- fueron condenados a marchar desde el Cusco hasta Lima a pie y descalzos.
Así, el 1 de octubre de 1783, cientos de detenidos, fueron obligados a caminar cerca de 1400 kilómetros desde Cusco hasta el Callao, sometidos a privaciones de toda índole. En el trayecto muchos enfermaron y murieron.
La mayor parte de las mujeres quedaron muertas en el camino. Solamente doce llegaron al Callao.
-¿Por qué tanta crueldad, Manuel? -le pregunto.
Y me responde que es usual.
-No importa que digan que soy un “caviar” -agrega Burga.
Bajo la cabeza y pienso en la expresión del general franquista español José Millán Astray para incitar a sus mesnadas a despedazar a Miguel de Unamuno, el mayor filósofo del siglo XX: “¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!”.
Pienso en otras cosas para sentirme bien. Y recuerdo que, además de doctor de la Sorbona, Manuel Burga asumió la responsabilidad de ser director del Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM) y, recientemente, obtuvo el gran honor de haber sido destituido por el gobierno actual.
Los autores que idolatramos, o empezamos a idolatrar, tienen el poder de hacernos más ignorantes sobre ellos en cada acercamiento.
La cámara oscura (Impedimenta) no es el mejor libro del celebrado e influyente creador francés Georges Perec (1936 – 1982). Pero en lo personal, es el que más se acerca a su mundo, a su mente, a esa cocina cerebral en la que se cuecen las cimientes de su poética, no solo proyectada en la literatura, sino igualmente en el cine y la pintura. Documento inquieto, nada racional; suprema cólera para los realistas y amantes de la lógica. Por momentos, los sueños, 124 en total, resultan pesados. Hasta el más fanático de su obra, se tomará un merecido respiro, puesto que la fuerza de los sueños se justifica en las descripciones excesivamente detalladas de los mismos (marca de la casa).
Poesía pura que no admite lecturas rápidas. Esta poesía presenta más de un lazo que delinea la radiografía de las celebradas novelas de Perec, con ella hallamos más de un punto con la irregular El secuestro, W o recuerdo de infancia, Las cosas y la contundente Un hombre que duerme.
Las preguntas se me imponen por sí solas. ¿Me habría gustado La cámara oscura siendo un lector ajeno a la literatura de este francés? Lo más probable, no. Es un libro para los lectores de Perec (me consta que en Lima los hay, y en número para considerar dentro de la llamada gran minoría), en primer lugar; y para todo aquel lector relativamente entrenado.
Leí la publicación, a inicios de la década pasada (y he vuelto a sus páginas en estos días), acuciado por el espíritu del fisgón. Tengo el malsano vicio de ubicar los fluidos motivacionales de los creadores que admiro y este libro cumplió con expandir mi ignorancia sobre el trabajo de Perec. De lo contrario, de haber salido con inquietudes satisfechas, con respuestas redondas, mi ánimo sería otro.
Los autores que idolatramos, o empezamos a idolatrar, tienen el poder de hacernos más ignorantes sobre ellos en cada acercamiento. Su fuerza centrípeta, siempre lo he creído, se justifica hasta en títulos que no gozan del saludo unánime.
La cámara oscura no es más que una puerta que nos invita a cruzarla, es decir, a continuar (re)leyendo más a Perec.
Hay que releer (o descubrir) a Perec si te gusta la literatura. Muchas de las cosas que se hacen pasar hoy como nuevas, ya fueron abordadas, desde hace rato y con buen gusto, por Georges Perec.