Categoría: Cultura

  • Javier Peña: “A Mario Vargas Llosa se le ha leído muy mal en los últimos tiempos por culpa de criterios que no tienen que ver con lo literario”

    Conductor del celebrado podcast literario “Grandes infelices”, el escritor español Javier Peña conversa con La República sobre “Tinta invisible”, un libro que nos habla del impacto de la literatura en nuestras vidas.

    El escritor español Javier Peña publicó a finales de 2024 Tinta invisible. Sobre la pérdida, la escritura y el poder transformador de las historias (Blackie Books) y tuvo la oportunidad de presentarlo en la última edición de la Feria del Libro de San Borja. Se deduce, por su título, que este es un libro sobre literatura y autores, pero su éxito entre los lectores va más allá de estas referencias. Tinta invisible no pretende ser un ensayo académico sobre literatura, tampoco aspira a formar parte de la bibliografía de escritores en ciernes o experimentados. Tinta invisible es un gran libro de difusión que partió de una necesidad de Javier Peña: una especie de despedida de su padre, con quien durante muchos años no se llevó bien, pero fue precisamente su padre quien lo acercó a la pasión por la lectura, al fuego de sus historias.

    El también conductor del podcast literario Grandes infelices –con 150 mil seguidores y 2 millones de escuchas-, no tuvo mejor estrategia narrativa que combinar las historias de vida de sus escritores favoritos con el recuerdo de las últimas semanas que pasó con su padre antes de morir. De esta tensión, nace una extrañeza: Peña escribe desde la condición del lector impresionista, o asombrado, que tiene ganas de compartir las historias leídas y escuchadas de su padre, gran lector como él y marinero. Onetti, Pessoa, Borges, Thomas Bernhard, Shakespeare, Kafka y otros grandes nombres de la literatura pueblan estas páginas, los faros que le permiten a Peña conectar con su padre. Como bien sabemos, las relaciones entre padres e hijos nunca dejarán de ser complicadas.

    “Mi libro es de no ficción, pero está escrito con los elementos narrativos de un narrador, de un escritor, que es lo que yo me considero. Yo no me considero en absoluto un estudioso. No estoy capacitado, ni preparado, ni tengo los estudios ni la formación, pero sí me considero un escritor. Muchas veces los estudiosos y académicos saben mucho de literatura, pero no saben o no tienen las herramientas del escritor. Cuando yo era estudiante universitario, tuve profesores que sabían mucho, pero no sabían transmitir su conocimiento. Cuando alguien sabe mucho y no sabe transmitir, es como si no supiera nada. Yo me considero un escritor, pero hay gente que me dice que soy podcaster, que también lo soy y no me molesta”, declara Javier Peña para La República.

    Tras la pandemia, el mundo cambió y en ese tránsito el mundo editorial también. Hoy en día tenemos muchos libros sobre literatura y escritores, siendo su ejemplo mayor el éxito arrollador de Irene Vallejo con El infinito en un junco (publicado en 2019, mas su despegue mundial ocurrió a partir de 2021), título sobre la historia del libro antiguo. Antes de Tinta invisible, Javier Peña había publicado dos novelas, Infelices (2019) y Agnes (2021), pero es con Tinta invisible con el que se ha posicionado como uno de los autores hispanoamericanos más leídos de hoy. “Cada vez se publican más libros, cada vez está más comprimido el mercado y cada vez los libros duran menos en las estanterías de las librerías. No sé si después de la pandemia hay más lectores, pero sí hay más compradores. Creo que el libro ha recuperado el aura de respetabilidad. Ahora los músicos y actores, siempre y cuando sean muy conocidos, quieren tener su libro, es como si fuera un símbolo cultural. Mi libro no está adscrito a ninguna moda, es algo que llevaba dentro. Este libro, en la parte de memoria y autoficción, va sobre el problema de Javier Peña con su padre, pero eso no es lo interesante en sí mismo, porque Javier Peña no es nadie, su padre no es nadie, pero este es un asunto realmente universal y la gente lo lee porque se ve reflejada en mi historia. En mi podcast anuncié que iba a escribir este libro y muchas personas me escribían a diario y me decían que también tenían problemas con sus padres. Las relaciones con los padres no son fáciles, se parecen a las novelas. Cuando perdemos a nuestros padres, es que nos preguntamos qué nos unió a ellos”. Lo que siempre unió a Javier Peña con su padre, fue la literatura.

    Los recuerdos de Javier Peña sobre su padre son tremendamente literarios. “Mi padre me dio también mucho cine, veíamos muchas películas juntos. Yo nací en 1979 y nuestra generación ha tenido un problema con nuestros padres, en especial los hombres. Nos costaba comunicar nuestros afectos, a veces costaba más darle un abrazo o un beso a un padre que a un amigo. Estaba ese factor masculino de no mostrar el afecto, pero el afecto estaba ahí y había que mostrarlo de alguna forma. Muchos padres le han demostrado afecto a sus hijos llevándolos a los partidos de fútbol los fines de semana. A mi padre no le gustaban mucho los deportes. Lo que me une a él es la literatura. La literatura es importante en mi vida. La literatura está en mí sin importar que sea escritor o no”, precisa Javier Peña, quien ingresó a las parcelas literarias a los 40 años. “Mi padre me regaló historias y yo veo el mundo a través de las historias”.

    Pero está igualmente la contraparte: “Mi padre era marino y se iba de casa ocho meses por año. Esa ausencia me define también. Era un luto con el que tuve que cargar toda mi infancia. Para mí es importante la honestidad. Conté la relación con mi padre como yo la sentía. Tenía que ser contenido y no melodramático. Hay una parte del libro en donde relato cómo nos cogemos las manos después de cuatro años de ausencia y lo hago de la manera en que mi padre me contaba las historias que leía y que me daba a leer. Este iba a ser un libro sobre escritores. Estaba escribiendo sobre Onetti y en la parte cuando narra la historia de Somerset Maugham con la guía de teléfonos de la India, recordé a mi padre leyendo las etiquetas de champú en los centros comerciales. Mi padre leía todo el rato. Mi padre es el gran cuentacuentos de mi vida. Cuando terminé de escribir este libro, cerré una herida que estaba abierta. No había gestionado bien la muerte de mi padre. Necesité tres años y escribir un libro para entender mi relación con él”.

    Imposible no preguntarle a Javier Peña sobre los padres literarios, tan importantes en nuestra configuración como escritores o lectores. La literatura ha sido generosa en este aspecto y cada quien tiene su propio faro personal. Sobre Mario Vargas Llosa, dice:

    “Creo que su muerte va a ser positiva. Es importante que pasen algunos años. A Mario Vargas Llosa se le ha leído muy mal en los últimos tiempos por culpa de criterios que no tienen que ver con lo literario. En España se le ha leído con cierta animadversión. No siempre fue así. En los años 90 empecé a leer a Vargas Llosa y lo admiraba. Pero por temas políticos y personales, empezó a tener una sombra. Todo aquel que se acercaba a su literatura pensaba más en su figura mediática que en el escritor. En España tenemos a Camilo José Cela, que es el único nobel de narrativa español, y es una figura muy poco querida. Han pasado varios años de su muerte y aún no se ha recuperado. Construyó una imagen mediática para venderse. Se anticipó a estos tiempos en donde los escritores tienen que crearse un personaje para vender sus libros. Era antipático y colaboró con la censura franquista. Vargas Llosa no hizo lo de Cela. A nivel literario le vendrá bien descansar y así volveremos a él para admirarlo como lo que fue: una gran figura literaria en español del siglo XX”.

    Fuente: Diario La República

  • Junín: La fibra más fina del mundo está en riesgo en época de heladas

    La comunidad campesina de Aychana, en el distrito de Comas (Concepción), se prepara para el tradicional “Chaccu”, ancestral ceremonia que consiste en la captura y esquila de vicuñas silvestres, cuya fibra es considerada una de las más finas del mundo.Según el alcalde de Comas, Abilio Lázaro, actualmente la libra de fibra de vicuña se vende a 600 dólares en bruto a mercados europeos, muy por debajo de lo que obtienen otras comunidades organizadas, que logran exportarla a precios que superan los 1,500 dólares.

    “Nuestro objetivo es instalar una planta de transformación para procesar la fibra localmente y así mejorar el ingreso de nuestros comuneros”, señaló. Para ello, vienen trabajando un proyecto que esperan financiar a través del programa Procompite, con un presupuesto estimado de medio millón de soles.

    En época de heladas
    A pesar de las oportunidades económicas que ofrece la esquila, las condiciones climáticas extremas dificultan la conservación de la especie. Las heladas reducen drásticamente la disponibilidad de pastos, lo que afecta principalmente a las crías.

    “No se pueden construir cobertizos porque las vicuñas, al ser silvestres, no se adaptan al encierro”, explicó el alcalde. En este contexto, el “Chaccu” también permite aprovechar la ocasión para desparasitar a los animales con ayuda de brigadas sanitarias.

    El gerente regional de Recursos Naturales, Vladimir Yáñez, destacó el potencial ecoturístico en Aychana y aseguró que vienen apoyando para que el proyecto de la planta. “Estamos impulsando su inclusión en Procompite para que la fibra se venda a su justo valor en el mercado internacional”, remarcó.

    Fuente: Diario Correo

  • «Se ha tergiversado la información»: Promperú negó que Machu Picchu esté en una «lista negra» del turismo mundial

    La entidad aclaró que el único organismo con autoridad para declarar si un patrimonio como Machu Picchu está en riesgo es la Unesco.

    Machu Picchu ha estado en el foco de la atención en los últimos días, luego de que el portal Travel and Tour World publicara un artículo en el que se mencionan serios problemas de gestión en diversos destinos turísticos altamente concurridos, incluida la antigua ciudadela inca. Esta información fue interpretada por algunos como si Machu Picchu formara parte de una supuesta «lista negra» del turismo mundial que desaconseja su visita.

    Ante este panorama, María del Sol Velásquez, directora de Promoción de Turismo de Promperú, aclaró en Ampliación de Noticias que no existe tal lista.

    «Existe un artículo por parte de Travel and Tour World; pero ellos, en realidad, hacen un análisis sobre los retos que afronta el turismo en general; cómo diversos destinos están enfrentando desafíos de sobreturismo. Mencionan al Perú, mencionan a Machu Picchu, pero no hablan de una lista negra; ellos, más bien, explican cómo se está gestionando las visitas a dicho patrimonio», explicó.

    UNESCO es la entidad autorizada a dar un pronunciamiento
    Velásquez aclaró que el único organismo con autoridad para declarar si un patrimonio como Machu Picchu está en riesgo es la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), y hasta la fecha esta entidad no ha emitido ningún pronunciamiento negativo.

    «Unesco en ningún momento se ha pronunciado, porque el aforo se está manejando adecuadamente. Estamos respetando el número que nos han establecido como límite: 4 500 personas por día, y en temporada alta se llega a 5 600», precisó.

    Consultada sobre la posibilidad de aumentar el número de visitantes permitidos, la funcionaria señaló que esa decisión corresponde al Ministerio de Cultura y que, según información disponible, dicha cartera está evaluando el tema en coordinación con organismos internacionales.

    «Somos conscientes de que aún existen muchos retos y aspectos por mejorar. Tengo entendido que el Ministerio de Cultura ya ha abordado este tema y está evaluando la mejora de los accesos y los tiempos, justamente para que la experiencia del turista sea óptima», comentó.

    «Nuestro objetivo es atraer un turista de calidad»
    Por otro lado, Velásquez indicó que Promperú continúa promoviendo un enfoque de turismo sostenible a fin de mejorar la experiencia de los visitantes sin poner en riesgo el patrimonio.

    «Perú no apunta a ser un destino masivo. Nuestro objetivo es atraer un turista de calidad, responsable, que valore el entorno natural y cultural que ofrecemos”, sostuvo.

    Además, recordó que es fundamental que los visitantes realicen sus reservas por canales oficiales y con anticipación para garantizar una mejor experiencia y apoya la sostenibilidad del destino.

    Finalmente, aseguró que existen coordinaciones en marcha entre el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur) y el Ministerio de Cultura para mejorar los accesos y tiempos de visita en Machu Picchu.

    Ministerio de Cultura también niega existencia de «lista negra»
    El Ministerio de Cultura se pronunció respecto al artículo publicado por el portal Travel and Tour World, en el que se mencionan desafíos de gestión en destinos turísticos de alto tránsito, entre ellos Machu Picchu.

    En su comunicado, la institución coincide con lo expresado por Promperú, aclarando que la ciudadela inca no forma parte de ninguna «lista negra» y que las visitas al sitio patrimonial se gestionan conforme a los lineamientos internacionales.

    Fuente: Diario RPP

  • La imaginación de Alberto Cendra

    Fotografía. Con una extensa trayectoria en medios periodísticos, Alberto Cendra, amigo de La República, presenta una nueva exposición fotográfica en el Centro Cultural Inca Garcilaso, Mosqoy, en donde lo lúdico y lo abstracto son los protagonistas.

    Fernando Ampuero*

    Alberto Cendra es un amigo de los viejos tiempos. Y yo, durante cinco décadas, pensaba que lo conocía bien. Estaba equivocado. Conocía tan solo al alegre compañero de trabajo que, como muchos, metía el hombro en destacadas empresas periodísticas, la revista Caretas y el diario El Comercio, y a quien sus funciones gerenciales de Publicidad y Desarrollo de Medios, lo obligaban a que anduviera siempre de punta en blanco, con saco y corbata. Él no se quejaba, eso sí; tomaba las cosas con filosofía, sobre todo en un principio, cuando trabajábamos en Caretas, bajo el mando de Enrique Zileri, director de la revista, y que era la informalidad andando; vestía como un hippie viejo (al decir de Manuel Ulloa). Alberto Cendra, sin embargo, tenía un pasado que aguardaba en la sombra.

    Nacido en Lima, en 1951, y formado en Cataluña, Cendra había estudiado en la Guasch Coranty, Escuela de Artes de Barcelona,en la que se graduó en fotografía (algo que no sabíamos) y, en 1975, al recalar para siempre en Perú, se dirigió a Caretas y ofreció sus servicios. Zileri habló largo con él y le cambió el rumbo: “Olvídate un tiempo de las fotos”, le dijo. “Tú tienes buena labia y eso no lo puedes desperdiciar; además, yo necesito un gerente y un buen vendedor”.

    El ojo zahorí de Zileri fue certero. El joven Alberto aceptó a regañadientes el trabajo, comenzó a irle bien, y así empezó la provechosa primera parte de su vida.

    Todo ello duró hasta que sus primigenias pasiones lo reclamaron. Harto ya de oficinas, convenciones y directorios, un buen día se jubiló de tales quehaceres y lo primero que hizo fue sacarse la corbata, comprarse una moto y salir a explorar el país: recorrió el desértico litoral y luego el turbulento Ande, contemplando paisajes y descubriendo territorios. Y ahí, en efecto, asomó su ánimo creativo, pero esta vez madurado y refinado con todo lo visto y vivido. Cendra, digámoslo de una vez, recuperó la mirada paciente, la luz anhelada, el disparo preciso, la estética cultora del blanco y negro, el formato cuadrado: un vocabulario íntimo para quien pretende mirar a cabalidad y ayudar a mirar, esto es, para enderezar el camino.

    Con la prisa de todo aquel que ha renacido en su arte, mi amigo Cendra, que ahora vive en el Cusco, despliega desde entonces un abanico de imágenes que capturan la esencia de nuestra identidad indígena: la inmensa cordillera rocosa, el enigma de los manantiales, la atmósfera de las rutinas autóctonas, y, desde luego, los personajes en sus labores, sus danzas, sus silencios ancestrales. Su primera muestra, presentada en la galería de la librería La Rebelde, la tituló con cifras, las coordenadas de un escenario en las frías alturas de Andahuaylas, donde revelaba la furia volcánica a través de las cenizas petrificadas de Accucassa: un conjunto de pulcras y caprichosas formaciones, cuya belleza, según los vulcanólogos, es obra de los vientos, la lluvia y la nieve, que las modeló durante millones de años.

    Tiempo después siguieron otras tres muestras en la que fue diversificando su mirada. Hoy, en su quinta exposición (junio 2025), su obra asume un riesgo de carácter lúdico, que claramente recurre a la abstracción, pero con reminiscencias psicoanalíticas (el test de Rorschach), como si intentara que, a partir de nuestra apreciación, nos interrogáramos sobre la ambigüedad de sus imágenes. La muestra titula Mosqoy (en quechua: fantasía e imaginación) y se inspira en una de sus exploraciones matutinas al valle de Sondondo. Al amanecer, atraído por un brillo al fondo de un paraje boscoso, Cendra se encontró con un espejo de agua, como un enorme ojo que lo miraba, y decidió registrarlo y recrearlo.

    Alberto Cendra, artista renacido, es hoy el fino forastero de sus sueños.

    *Texto de la exposición Mosqoy de Alberto Cendra. Mosqoy va hasta el 17 de agosto en el Centro Cultural Inca Garcilaso (jr. Ucayali 391, Cercado de Lima).

    Fuente: Diario La República

  • ‘Lima Teje’ celebra su quinta edición: una oportunidad para tejer en comunidad y revalorar el arte textil

    El festival de tejido más importante del país celebra su quinta edición este 12 y 13 de julio. Conversamos con sus fundadoras.

    Como un hilo que se enlaza con otro para formar una historia, Karlyn, Claudia, Jessica y Rossana fueron tejiendo sus caminos. Profesionales, amigas y colegas, encontraron en el tejido una forma de desconectarse del mundo y reencontrarse consigo mismas. Lo que comenzó como una actividad de disfrute personal se transformó en un proyecto colectivo: hoy lideran Lima Teje, una de las principales plataformas de tejido del Perú y de Latinoamérica. El festival celebra su quinta edición este 12 y 13 de julio, en el Centro de Convenciones de Lima.

    Karlyn Rolas, diseñadora industrial de profesión y tejedora por pasión, empezó a hilar este sueño en la pandemia. “Tejo y diseño desde hace tiempo y quería replicar los festivales que se realizan afuera. Quería congregar a diferentes conocidas y amigas que están invirtiendo en el mundo del tejido, uno moderno con herramientas que solo se conseguían afuera. Es así cómo surgió la idea de juntarnos todas en un mismo lugar para visibilizar esos productos que muchos no tenían alcance y no sabían que existían”, comenta la fundadora sobre el origen del festival Lima Teje a RPP.

    Al proyecto se sumó Rossana Effio, encargada de operaciones y logística, quien comenzó a tejer hace poco y, desde ese entonces, carga su madeja de hilos y sus agujas a todos lados. “Lo que buscamos con el festival es revalorizar el arte del tejido y mostrar todo el circuito que lo rodea: desde quienes quieren aprender a tejer como pasatiempo o para conectar consigo mismos, hasta quienes desean convertirlo en una profesión, ya sea como diseñadores de moda, vendedores de hilados, compradores o educadores”, explica.

    Esta edición de Lima Teje ofrecerá stands para adquirir materiales, clases presenciales de tejido con expertos locales e internacionales, espacios de venta de productos terminados y conferencias para aprender más sobre este arte. “Nada que envidiar a los festivales de Europa”, comenta Claudia Rodríguez, coordinadora educativa del evento.

    “Tejer es mi momento feliz. Disfruto sentarme y empezar, retarme y aprender una técnica nueva”

    Claudia Rodríguez

    El tejido como resistencia en la era del fast fashion
    En tiempos de fast fashion o moda rápida que se desecha, el tejido, en su forma artesanal, representa lo opuesto porque requiere tiempo, atención y conexión con los materiales. Esta nueva edición de Lima Teje es una oportunidad para conocer la cadena de valor de los productos textiles que se ofrecen. “Queremos entregar educación para que la gente valore el porqué del costo de un producto final o del ovillo”, comenta Karlyn Rolas.

    Por su parte, Jessica Vílchez, encargada del arte y la gestión cultural del evento, recalca que se debe conocer todo el proceso detrás del producto tejido. “Si no lo conoces, cómo lo puedes valorar. Se debe conocer de dónde viene, todo el trabajo que le cuesta a los ganaderos, la crianza de alpacas, todo desde el primer punto”, afirma.

    Lima Teje nos invita a ver el tejido con otros ojos y conectar con historias que se entrelazan a través del hilo y la aguja, porque en ellas habitan la memoria, la comunidad y el arte.

    «El bordado y el tejido son un descanso: un momento de placer y tranquilidad que me encanta»

    Jessica Vílchez

    Fuente: Diario RPP

  • Cine peruano: ‘Runa Simi’ triunfa en festival del Reino Unido

    La película peruana dirigida por Augusto Zegarra fue premiada en uno de los festivales de documentales más importantes de Europa.

    El cine peruano continúa destacando en los festivales del mundo. Esta vez se trata de la película Runa Simi, dirigida por Augusto Zegarra. El peruano que ganó a inicios de junio un premio en el festival fundado por Robert De Niro, Tribeca, acaba de lograr el Premio del Jurado Joven del Sheffield DocFest 2025 en el Reino Unido.

    “El idioma es más que un simple medio de comunicación entre personas”, dijo el jurado sobre el quechua, el idioma al que, en el documental, Fernando Valencia recurre para hacer el doblaje de la película El Rey León en un estudio de Cusco. “Los idiomas son dinámicos; surgen de diferentes contextos, evolucionan, se ven amenazados e incluso se extinguen. Esta película trata sobre el idioma y el sueño humilde y particular de un individuo de preservar su lengua materna a través de la magia del cine popular”, añadieron el jurado compuesto por Catherine Huckle, Conor Joseph Corey, Daisy Sanderson, Lucy Brown y Rennan Duan.

    Runa Simi compartió la sección con seis películas. “Con una cinematografía magnífica y un elenco conmovedor e intergeneracional, esta es una historia de esperanza, comunidad y descolonización en acción. Florece hasta volverse mucho más universal que su contexto cultural específico y, en definitiva, un homenaje al poder unificador del cine. Es una película que amplifica, celebra y preserva una realidad vivida”.

    Después de las protestas del gremio de cineastas contra la nueva ley de cine que perjudicaría al cine regional, cabe señalar que Runa Simi fue beneficiada en 2018 con los Estímulos del Ministerio de Cultura. El documental logró uno de los premios más importantes para el cine peruano: Mejor Nueva Dirección Documental en el Festival Tribeca 2025.

    Fuente: Diario La República

  • Enrique Polanco: “Yo no soy un pintor nostálgico del pasado colonial, soy un pintor que denuncia”

    El reconocido pintor Enrique Polanco la viene rompiendo con su exposición Pinturas: dos décadas de color y memoria en el ICPNA. ¿De dónde Polanco nutre su poética? Sobre este tema y más, en esta entrevista de La República.

    Esta es una verdad de Perogrullo: Enrique Polanco es un gran pintor peruano y uno de los pocos que goza de la legitimidad tanto de la academia como del público. Su obra exhibe un poder de transmisión capaz de conectar con el espectador sin necesidad de que este conozca o no de pintura. A eso se le llama trascendencia y Polanco la ha construido siendo fiel a sus preceptos, los cuales son vistos desde los inicios de su trayectoria en los 80, teniendo como ejes a la ciudad de Lima, sus personajes marginales y el fogonazo cromático. Polanco es un poeta que pinta con furia y crítica, señas que podemos apreciar, hasta el 20 de julio en Espacio Germán Krüger Espantoso del ICPNA de Miraflores, en la exposición Pinturas: dos décadas de color y memoria. La verdad sea dicha, si uno ya pensaba que Enrique Polanco era un gran pintor, esta muestra nos deja la sensación de que Polanco es más grande de lo que pensábamos que era. La República conversa con Enrique Polanco.

    -Desde muy joven apostaste por lo figurativo y de ahí no te has movido.

    -Lo mío siempre ha sido la figuración expresionista, expresionista por la cromática, que es una gama cromática muy alta. Desde que ingresé a la Escuela de Bellas Artes en el año 75, empecé con la figuración y nunca salí como muchos pintores que han pasado por escuelas. La expresión figurativa no es una moda, es un lenguaje. Por eso, al desempolvar cuadros del 2004, me dije caramba, estos cuadros siguen siendo coherentes. El país sigue siendo el mismo o peor. La vigencia de mi obra es, así suene redundante, vigente.

    -¿Qué te animó a seguir en lo figurativo?

    -Yo siempre he estado detrás de lo que yo llamo intentar llegar a una nueva figuración y he estado persistiendo en la cosa figurativa, no me han interesado mucho los ismos. En una época hice un expresionismo fuerte, tipo alemán, pero dejó de interesarme. La figuración es el terreno donde yo más me siento cómodo en este doloroso proceso de la creación, porque la creación para mí es dolorosa. No es como piensa la gente, que es un hobby.

    -¿Dolorosa en qué sentido?

    -Por todo lo que vuelco. Mi pintura es pura alma.

    -Siempre te he percibido como un artista más intuitivo, sentimental, y no racional.

    -Tienes toda la razón. Yo empiezo el cuadro con el diseño y ahí comienza la aventura. No sé lo que va a venir. Mancho y empiezan a venir las capas de colores, pero no hago un boceto, no hago nada. Todo es puro bobo. Puro corazón. Puro sentimiento. Pura alma. No es porque los haya hecho yo, pero siento que mis cuadros vibran, tienen algo.

    -Tu obra se alimenta principalmente de Lima. Le pones vida a paisajes tétricos.

    -Esa es la estética de la decadencia.

    -En tu obra, el cielo de Lima no está.

    -Lima es totalmente gris, lo mío es puro color. Si se cayera Lima, no podrían reconstruirla a través de mis cuadros, porque son totalmente libres.

    -¿Te consideras un gran pintor?

    -Sin falsa modestia, yo creo que he llegado después de 50 años a un buen nivel dentro de la pintura y sé que me falta mucho todavía. La pintura nunca se termina de aprender. Mi pintura no es comercial, es muy difícil colocarla, pero tengo un gran número de gente que admira mi trabajo.

    -Tu pintura es la de un observador de la realidad. Pareces un novelista de folletín del siglo XIX, pero que, en lugar de escribir, pinta el horror.

    -Así es, pinto el horror. Además, los amigos poetas que yo tengo, que son muchos, a veces me dicen que yo soy un poeta, que mi pintura es muy poética. He pensado al respecto y sí, mi pintura es muy poética por el manejo del color y de las formas.

    -Dentro del sentido poético de tu obra, hay también una evidente denuncia social.

    -Eso es indudable. A mí siempre me ha interesado eso. Y yo no he hecho concesiones al respecto.

    -Creo que tus años más felices los pasaste en Bellas Artes, pero más por el lugar en donde estaba ubicada la escuela. No sé qué hubiera sido de tu obra si Bellas Artes hubiese estado en otro lugar que no fuera el centro de Lima.

    -Yo he sido un muchacho de clase media limeña, mi padre nunca tuvo dinero. Yo estaba trabajando como dibujante en el servicio de geología y minería, pero un día vi un anuncio en donde se comunica a los postulantes a Bellas Artes… Y saqué mis documentos, los presenté, postulé e ingresé. Yo nunca había salido de Barranco y Miraflores, Barrios Altos fue para mí todo un descubrimiento. En Bellas Artes me hice amigo de Víctor Humareda. Yo era un muchachito de 21 años y lo visitaba dos veces por semana en el Hotel Lima de La Parada. Barrios Altos, La Parada, quedé asombrado. De allí viene mi temática marginal.

    -Y por ser marginal, viene el espíritu de denuncia de tu obra.

    -Siempre he sido una persona sensible ante los problemas del país, pero ver todo lo que había reforzó mi espíritu de denuncia. Con un grupo de amigos, decidimos mandar al tacho el plan de estudios, nada de dibujar calcos clásicos de Nefertiti, y nos fuimos a pintar a la calle. En el 75 podías hacer eso. La zona donde estaba Bellas Artes es achorada, pero la gente nos respetaba. He pintado en los lugares bravos, he estado en la Huerta Perdida, hemos subido a la punta del cerro San Cosme en la noche a pintar. Lima se pone peligrosa cuando aparece la pasta básica de cocaína. Los choros salían angustiados y te ponían el cuchillo en el cuello. La peligrosidad de Lima empieza cuando aparece el pay.

    -Barrios Altos y el Rímac son medulares en tu pintura.

    -Así es. Es el telón de fondo donde yo coloco las escenas. Yo no soy un pintor nostálgico del pasado colonial, soy un pintor que denuncia.

    -Esa era una época de mucho activismo político.

    -Como muchos jóvenes de la época, he estado ligado a la izquierda. Pero ahora soy un defraudado de la izquierda, de la derecha y del centro. No creo en nadie porque nadie ha hecho nada por el Perú. Lo hemos visto con Boluarte que se decía de izquierda, lo hemos visto con la derecha. Este país está podrido desde hace 300 años.

    -Tu obra es muy crítica. ¿Nunca te han censurado?

    -Nunca. Una vez tuve un problema religioso. En los 90, por los 400 años del nacimiento de Santa Rosa de Lima, el BCRP organizó una exposición. Yo tenía un cuadro llamado “Trilogía”. En ese cuatro estaban Santa Rosa, San Martín de Porres y en un altarcito Sarita Colonia. Una noche antes de la inauguración, el arzobispo Augusto Vargas Alzamora visitó la muestra y cuando vio mi cuadro casi se desmaya. ¿Qué hace esto acá? Bájenlo. Me devolvieron mi cuadro, pero ya estaba en el catálogo de la muestra.

    -No es otra cosa que el poder de lo figurativo.

    -Así es. Yo no soy un pintor erudito, yo pinto molesto, soy perseverante. Nunca he sido militante ni activista, toda mi denuncia social la plasmo en la tela. El Perú es sumamente racista y le doy dignidad a mis personajes marginales. Yo no hago ninguna concesión temática. Que voy a pintar algo bonito a ver si vendo, no. Para mí, la pintura es denuncia.

    -Esta es una exposición histórica, a muchísima gente le está gustando. Antes de entrar a Bellas Artes, ¿tuviste un contacto significativo con el arte?

    -Tenía 12 años y una tía mía vivía en Schell, en Miraflores. Al costado de su casa estaba la librería La Familia y me hice amigo del pata que atendía. Lo ayudaba a limpiar los libros, pero un día vi un libro de Goya, junté mis propinas y me lo compré. ¿Qué niño de 12 años compra un libro de Goya? Eso, más el aviso a los postulantes a Bellas Artes, fueron determinantes.

    -¿No te dijeron nada en casa cuando entraste a Bellas Artes?

    -Mi papá me dijo que me iba a apoyar en lo que podía. Me daba para mis pasajes. En esa época, cerca a Bellas Artes había un restaurante llamado La Buena Muerte, le decíamos el pescadito. Te comías un buen aguadito por un sol. Con cinco soles la hacías. Fue una bella etapa formativa, con mucha vitalidad.

    Fuente: Diario La República.

  • Patricia del Río: “Si lo que pasó en Ayacucho, hubiera ocurrido en Miraflores y San Isidro, estaríamos ahora llorando a nuestros muertos y haciendo marchas”

    Patricia del Río, periodista reconocida y con experiencia, acaba de publicar “Jauría”, una novela breve que nos regresa al periodo más sangriento de nuestra historia última, que por ser tal, no debe dejar de ser discutida.

    Patricia del Río tiene una extensa y reconocida trayectoria periodística en Perú. Es también la conductora de Letras en el tiempo, un sintonizado programa de RPP dedicado a la difusión del libro y la lectura. Es del mismo modo literata de formación. Estos dos datos bastan y sobran para que no nos sorprenda que se haya animado a escribir un libro, sea este de ficción o no ficción. Hay en Patricia del Río una conexión con la lectura. Eso es evidente más allá de su decisión de haber incursionado en las parcelas literarias y en el periodismo.

    A la fecha, Patricia del Río ha publicado dos libros infantiles: Desde la Luna (2024) y Pecas y Manchas (2024), y en este 2025 su primera novela: Jauría (Tusquets). Esta es una novela corta, en donde una mujer andina pasa revista a los años de la violencia terrorista en Perú de los años 80 y 90 del siglo pasado, y lo hace mediante la presencia de 10 perros, cada cual abriendo un capítulo: Constante, Trueno, Choco, Sargento, Amoroso, Ñaui, Luna, Urpi, Bigote y Jauría (Carachita). En este sentido, sí sorprende que esta primera novela de la escritora haya sido sobre un tópico del que cada vez se está hablando menos, quizá como señal de los tiempos que corren, en donde las tragedias se olvidan al día siguiente de ocurridas. Patricia del Río, además, se sumerge en la sensibilidad de una mujer andina que lo ha perdido todo y espera solo la muerte. Esta es una novela que gusta a los lectores, irrita a cierta crítica y ha hecho parar la oreja a los especialistas. Lo cierto es que Patricia del Río ha vuelto a poner en la discusión pública este tema. Sobre Jauría y sus efectos va esta entrevista de La República.

    -El tema los años del terrorismo no está agotado, pero ya no se habla mucho de él.

    -Carlos Iván Degregori decía que lo que ocurrió acá fue polpotiano. Hubo una crueldad y una violencia totalmente desproporcionada. Las tragedias de la humanidad no se agotan. Pensemos en cuánto se ha ficcionado sobre el Holocausto en la Segunda Guerra Mundial y el tema no se agota. Y sobre lo que ha ocurrido en Perú, pregúntale a un peruano promedio cuántas novelas has leído sobre el drama de la violencia terrorista y te aseguro que te dirán una o dos como mucho. En regiones se ha escrito mucho sobre esto, pero no se ha visibilizado lo suficiente.

    -La gente parece estar en otra y los autores de ficción prefieren contar otras cosas.

    -Mucha gente hoy en Perú no quiere enfrentar este tema. Creo que la ficción es la forma más amable para que la gente baje un poco las resistencias y se atreva a meterse en un tema que cuando se lo cuentas, desde el punto de vista de un uso de la memoria o desde el punto de vista de un testimonio que es real, que no tiene nada de ficción, cuesta mucho más digerir.

    -Has contado que la escultura de Rosalía Tineo, en donde vemos a una mujer con la mano extendida y rodeada de perros, fue lo que te inspiró.

    -Me llamó la atención porque era una pieza más nostálgica, más triste, no era una pieza que reflejara violencia a primera vista. Entonces, le pregunté qué era, por qué estaba ahí, qué significaba. Y Rosalía me explicó que en la época de la violencia terrorista era común que los pueblos, determinados pueblos de Ayacucho, se quedaran totalmente desolados. Solo se quedaban las ancianas porque ya no querían empezar su vida en otro lugar, sentían que no tenían fuerzas para salir de ahí, o estaban esperando a que apareciera un hijo o un marido desaparecido, y que era normal encontrar pueblos donde había una o dos ancianas rodeadas de perros. Me pareció una imagen muy poderosa.

    -Todos hemos sido tocados por el terrorismo.

    -Pero no de la misma manera. No sé lo que es tener parientes desaparecidos ni haber estado en una estructura tan fuerte como la que se tuvo en Ayacucho.

    -Pudiste escribir de cualquier tema. Eres un personaje público. ¿Hubo una necesidad moral para escribir esta novela?

    -Cuando tenía el tema en la cabeza, volví a escuchar los testimonios de La Comisión de la Verdad. En los 2000, se empezaron a transmitir en vivo. Los volví a escuchar y me causó mucho dolor. Lo hice en un contexto en el que nos estamos empapando de cinismo, de negación de la realidad, de no querer escuchar el dolor del otro y de usar el poder en beneficio propio.

    -En estos tiempos olvidamos rápido las catástrofes.

    -Han pasado más de 20 años desde la primera vez que se escucharon estos testimonios y la cosa está peor. Hoy día hay más resistencia a escuchar sobre esto que hace 20 años. Yo estoy muy agobiada, sobrepasada por lo que está pasando en Perú y en el mundo en términos de compasión por el otro, en términos de empatía, en términos de afinidad. Lo que pasa en Israel y Palestina, lo que pasa en Perú, en donde mueren 13 personas de la noche a la mañana y la vida continúa. Si no hubiera vuelto a escuchar esos testimonios tal vez no me hubiera animado a escribir esta novela.

    -En Jauría asumes una voz andina.

    -Lo hice con mucho respeto. Yo soy lingüista, es mi primera profesión. No tuve temor porque conozco los rasgos del castellano andino. El reto era no caricaturizar, debía crear un lenguaje que te remita a ese castellano andino y que no sea una copia ni tampoco una estigmatización.

    -Jauría es también una crítica al racismo. Si hacemos un repaso a las tragedias nacionales, desde la época del caucho, los miles de muertos en los años del terrorismo, la matanza de 50 peruanos hace unos años, como que hay una línea indiscutible: son peruanos del interior.

    -Así es. En una época, el tener DNI ayacuchano era sinónimo de terrorista. La gente del interior estuvo en medio de un fuego cruzado entre los terroristas y las fuerzas armadas, fue gente atacada por su origen. 20 años después vuelve a ser un problema ser ayacuchano, porque sales a marchar y te vuelven a matar. La violencia estructural regresa al mismo lugar a matar a los mismos. No hemos arreglado nada.

    -Jauría no está contaminada por la ideología. A todos les cae por igual.

    -Como escritora, tengo claro que no me toca estar juzgando. Lo que quería era mostrar y el lector sacará sus propias conclusiones. Si lo que pasó en Ayacucho, hubiera ocurrido en Miraflores y San Isidro, estaríamos ahora llorando a nuestros muertos y haciendo marchas. Se les habría reparado, se habría encontrado a los culpables, estarían presos. También está el desprecio por quienes pelearon una guerra y me refiero a los militares, a los que no se les indemnizó cuando regresaron sin un brazo, sin una pierna, a los que los han tenido mendigando pensiones para sus familias, porque también muchos de los que pelearon la guerra, la mayoría, pertenecían al mismo sector desfavorecido que los que estaban involucrados en ella.

    -¿Has aprovechado tu posicionamiento mediático para escribir de este tema y se discuta?

    -Yo escribí lo que me nació. Cuando tuve la oferta para publicarlo, pensé qué hago yo escribiendo sobre la violencia política. Me van a salir con que soy una caviar, que soy una terruca. O sea, mi posicionamiento me jugó en contra en un primer momento. A mí la derecha no me quiere nada. Pero este es el texto que hice, esta es la literatura que he hecho y la voy a publicar. Si esto genera división, consenso, llama la atención, ya es algo que escapa a mi labor como escritora. Me puse en el plano bien de escritora y bien poco de periodista y simplemente decidí publicar el texto. Curiosamente, desde los sectores más conservadores, desde los que no me quieren nada, los que odian el LUM, por ejemplo, he recibido muchas mejores críticas y muy buen feedback contra lo que esperaba. Creo que el libro sensibiliza lo suficiente.

    Fuente: Diario La República.

  • Asociación Minerva en Piura presenta velada artística cultural, literaria y cine

    Con la participación de destacados escritores en un evento para disfrutarlo en familia en la Pinacoteca Municipal.

    La Pinacoteca Municipal será el escenario donde el viernes 27, a las 7:30 p.m., se ofrecerá el evento “Familia de escritores. Propósito y legado”, una velada dedicada a la literatura, el cine y el arte familiar.

    Este evento es organizado por la Asociación Cultural Minerva y participarán los reconocidos escritores Richard Morris, Diana Rodríguez y Kiara Morris Rodríguez, quienes compartirán con el público sus más recientes publicaciones en una jornada llena de cultura y emoción.

    COMPROMISO
    El evento incluirá la proyección de dos cortometrajes adaptados de sus obras, así como el estreno de la esperada película “Rosalba de Altagracia”, inspirada en la novela del escritor Richard Morris.

    Una oportunidad única para disfrutar en familia del talento literario y audiovisual de esta destacada familia de creadores, quienes se sienten comprometidos con la cultura, el cine y la literatura.

    Gracias a este proyecto esperan seguir promoviendo la riqueza del cine peruano y la magia de nuestra historia a través de la novela histórica de ficción llamada “Rosalba de Altagracia”.

    Fuente: Diario Correo.

  • Ani Alva Helfer: «En el cine de un país todas las voces deben ser escuchadas»

    La cineasta peruana más taquillera estrenó su primera obra de teatro como directora. Nos habla también del reto de llevar al cine la historia de Everardo Zapata Santillana, el creador de Coquito.

    Hace varios años, Ani Alva logró lo que, usualmente, no sucede en el cine nacional: que una comedia taquillera tenga, al mismo tiempo, el visto bueno de la crítica. Con películas como No me digas solterona, la cineasta ha superado el millón de espectadores.

    Alguna vez no apostaron por su proyecto porque pensaban que un cine protagonizado por mujeres no era rentable en Perú. Ahora, en medio de un calendario de películas escritas por ella y otras que no, estrenó su primera obra Una semana nada más, que aborda las dificultades de la vida en pareja.

    La directora está en primera fila del Teatro Claretiano observando al detalle los ensayos de la segunda temporada. Nos cuenta que hace “como mínimo” cinco versiones de un guion y que permite la improvisación, pero ella decide la versión final.

    ¿Cómo asumes el reto de dirigir una obra de teatro?

    Para mí era estar como en familia. Es lo mismo que cuando produzco con Gianella (Neyra); había esa cercanía, evidentemente, sabiendo el talento que iba a dirigir, me sentí sostenida. Me gusta mucho jugar con la improvisación y con la propuesta del actor. Por lo general, les doy el guion para una primera lectura, los grabo, escucho y si esas primeras impresiones me parecen muy ricas, lo integro al guion. Siento que la improvisación es buena porque significa que el actor está escuchando. Entonces, me gusta, pero siempre en su justa medida.

    Es decir, hay un vínculo de confianza, pero en escena no eres la amiga, eres la directora.

    Hay un vínculo de comunicación y de respeto en el que yo los escucho y que sepan que voy a tomar sus apreciaciones y lo que consideran que suma al personaje, pero también me tienen que escuchar cuando yo diga: “esto es y punto” (sonríe). Tú suéltame lo que quieras con toda la confianza del mundo y yo, con toda la confianza del mundo, también te diré qué queda y qué no, porque si no, los tiempos se diluyen y una comedia tiene que estar muy bien planeada.

    ¿Por qué crees que funcionan estas comedias?

    En el caso de Una semana nada más es entretenida, ligera, pero también habla de una pareja: él no se atreve a ponerle punto final a la relación y planea todo… Es algo que pasa (en la vida real); muchas veces no quieres decir algo primero y prefieres que el otro sea el que dé el paso al costado, ¿no? Entonces, si bien es una comedia disparatada, con enredos, a la vez siento que es un tema muy humano y natural.

    Tu cine también gira alrededor de esos temas.

    Sí, cuando hice No me das solterona era justamente porque yo pensaba que no necesitas casarte para sentirte completa. Esas ideas antiguas son con las que ha crecido mi generación, mis amigas. Me acuerdo de una reunión en la que estaban preocupadísimas porque iban a hacer el viaje, la maestría y no tenían el anillo de compromiso y a mí me parecía algo tan… siempre me he sentido ajena a ese tipo de…

    ¿De mandatos?

    Claro, ese tipo de mandatos. Al contrario, yo siento que el matrimonio es una opción, ¿no? Y que no necesariamente ames más porque estás casado.

    ¿Siendo una cineasta taquillera sigue siendo difícil producir una película? Es decir, no deben cerrarte las puertas.

    No, gracias a Dios, muchas puertas se me han abierto, pero siempre es difícil hacer cine por más que las puertas se te abran. Construir una película o hacer que exista toda esta maquinaria, es difícil. Yo te puedo decir sí, pero de ahí no sabemos si se va a lograr el presupuesto para hacerla.

    ¿O no te ofrecen las condiciones para lograr la película que quieres hacer?

    Claro. Hasta ahora sigue siendo complicado, pero las propuestas siempre están, gracias a Dios, y también yo misma he ido construyendo mis propios proyectos. Yo no repetiría, por ejemplo, ya hice sobre la soltería y hablé, me gustaría irme más al drama.

    Alguna vez contaste que en la universidad querías hacer otro género de cine. ¿Te queda pendiente?

    De chica, me gustaba mucho el cine clásico; de hecho mi primera película era como un canto de amor el cine clásico. Hoy lo veo tan a lo lejos. Pero te juro que me siento tan orgullosa por hacer El beneficio de la duda porque realmente hice lo que me dio la gana.

    ¿No lo harías ahora?

    No, no; es mucho riesgo (sonríe). ¡Qué bien que la hice sin que me importe más que contar la historia! No es que ahora no me importe contarla, sino que siento que es un reto mayor jugar a otro género. Siento que hay todavía un montón de comedia por explotar, pero me está llamando la atención más el drama.

    Hablando del cine, ¿qué piensas de la nueva ley?

    Primero, que el cine para mí es el álbum fotográfico del país, ¿no? Va a ser lo que más adelante exista y que tú puedas decir: “así pensábamos, así vivíamos, así creíamos”. Entonces, mientras más voces y más miradas tenga ese álbum, más rico va a ser para nosotros, siempre, ¿no? Y creo que en el cine todas las voces se tienen que escuchar. Con esta ley, es muy controversial; tiene una parte que, unánimemente, para los que hacemos cine y para los que no, es todo como un olor a censura. Existe esta posibilidad de que ciertos temas tendrían que pasar, digamos, como por una revisión, si se ajustan o no.

    Tú estudiaste en Argentina donde se vive algo similar. ¿Por qué crees que sucede?

    En Argentina, sobre todo, están poniendo hincapié en el que, claro, están saliendo de una crisis y ahora parece que existieran como grados de importancia y la cultura no lo es. Entonces, se le quita presupuestos. Pero la cultura debería ser no negociable.

    ¿Cómo enfocas la historia de Everardo Zapata Santillana?

    Me parece que es una película nuestra. Everardo ya cumplió 101 años y siento que en un país tan golpeado como el nuestro, desde temas económicos, políticos, sociales, le viene bien saber que existe una persona que apostó desde su ciudad natal, que es Arequipa, para revolucionar la educación, que en ese momento tenía un analfabetismo al 73%.

    Quizá podrías ‘ganar’ esa batalla de tener más salas en Lima y provincias.

    De hecho, nosotros teníamos todo un plan como de hacer que vaya a cartelera, pero también de un cine itinerante para las zonas más vulnerables, donde es difícil acceso, incluso como la preocupación de él era siempre que uno entienda lo que lee, se iba a armar un material específico para estas zonas, como un libro de la película, para que el niño vea la película y después pueda responder, y es un plan como todo un universo en base a la película. Esperemos que pronto se pueda hacer.

    ¿Cuál fue tu impresión al conocerlo?

    Lo conocí cuando cumplió 98; es lúcido como él solo. Para mí, su historia es la de un héroe nacional, anónimo. Ahora que decimos que la política en Perú es lo peor, que todos son impresentables, pues ahí tienes a alguien que te da ganas de ser peruano.

    Fuente: DIario La República.